El “hospital” de Cachicoto: Símbolo de la desidia y la impunidad en Huamalíes

En pleno corazón del distrito de Monzón, en la provincia de Huamalíes, se erige una obra que debería ser emblema de salud y desarrollo. Sin embargo, el “hospital” de Cachicoto se ha convertido en un monumento al abandono, al despilfarro y al desprecio por las comunidades más vulnerables de nuestra región.
La historia de este centro de salud es tan desalentadora como reveladora. Fue inaugurado en 2015, bajo la gestión del entonces gobernador Luis Picón, con una inversión que superó los 11 millones de soles. Pero en lugar de responder a una planificación técnica seria, se construyó en una ladera sin condiciones básicas: sin acceso a agua potable, sin saneamiento y sin infraestructura adecuada para su operatividad. Hoy, diez años después, el establecimiento continúa sin funcionar, mientras su equipamiento –que costó más de 10 millones– permanece oxidado, inservible y repartido entre la maleza del olvido.
Este no es un caso de “ineficiencia” técnica: es negligencia política. Luis Picón, quien ha sido reelegido y ahora preside la Comisión de Salud en el Congreso, no solo carga con la responsabilidad de haber ejecutado una obra inviable, sino que continúa participando activamente en decisiones públicas. ¿Con qué autoridad puede hablar de salud pública quien dejó a Cachicoto con una estructura fantasma y una población sin atención médica?
Por si fuera poco, el actual director de la Dirección Regional de Salud, Ronald Acuña, ha sugerido repartir los equipos a postas vecinas, pese a que muchos ya no funcionan. Es una burla para el personal de salud y para los ciudadanos que merecen respeto, no remanentes oxidados.
En 2023, el gobernador Antonio Pulgar prometió reconstruir o relocalizar el centro de salud. Han pasado dos años sin avances visibles. No hay expediente nuevo, no hay licitación, no hay cronograma. Solo el eco de las promesas incumplidas, otro rasgo habitual en la política regional.
¿Dónde están los alcaldes? ¿Dónde los dirigentes sociales que deberían defender a sus comunidades? El silencio y la indiferencia agravan una situación ya insostenible. En una región donde los discursos abundan pero las soluciones escasean, los ciudadanos siguen desprotegidos.
Cachicoto no solo necesita un hospital funcional. Necesita justicia. Justicia frente a la corrupción disfrazada de obra pública. Justicia ante el olvido institucional. Justicia para una población que, pese a décadas de abandono, continúa esperando dignidad.