La reciente apertura del Parlamento canadiense, marcada por el discurso del Rey Carlos III, se interpreta como un posicionamiento estratégico en el contexto de las tensiones comerciales globales. La visita real, aunque breve, estuvo cargada de simbolismo y protocolo, reflejando la importancia que Canadá otorga a sus alianzas y a su **soberanía** económica frente a los desafíos externos.
Según la investigación publicada por The New York Times, la invitación del Primer Ministro Mark Carney al Rey Carlos para pronunciar el discurso inaugural del Parlamento canadiense el martes se entendió como una sutil crítica a las políticas del Presidente Trump, que amenazan la soberanía del país norteamericano.
Si bien el nombre de Trump no se mencionó explícitamente durante el discurso del monarca, su alocución trazó un panorama sombrío de la situación mundial desde el retorno del presidente a la Casa Blanca y la imposición de aranceles que han trastocado el sistema de comercio internacional. Carlos III, con un tono solemne, declaró que el mundo se encuentra en un momento de mayor incertidumbre y peligro desde la Segunda Guerra Mundial, y que Canadá enfrenta desafíos sin precedentes. La dependencia económica de Canadá con respecto a las exportaciones a Estados Unidos, su principal socio comercial, plantea un desafío que Carney busca mitigar mediante la diversificación de alianzas.
El Rey Carlos, como jefe de Estado de Canadá, pronunció un discurso redactado por la oficina del Primer Ministro Carney, lo cual subraya la importancia del mensaje político que se pretendía transmitir. Este evento marca la tercera ocasión en que un monarca inaugura el Parlamento canadiense, un honor que recayó en dos oportunidades sobre la Reina Isabel II. La ceremonia se desarrolló en medio de un ambiente festivo, con la presencia de figuras destacadas como Justin Trudeau, predecesor de Carney en el cargo de Primer Ministro, quien realizó su primera aparición pública desde su dimisión.
El discurso real no solo abordó los desafíos económicos, sino que también delineó la agenda legislativa del nuevo gobierno de Carney, que incluye el aumento del gasto militar, la expansión de la vivienda y la reducción del gasto público. Este enfoque integral busca fortalecer la posición de Canadá en el escenario internacional y garantizar el bienestar de sus ciudadanos. El contexto político se hace aún más complejo al considerar que el Rey Carlos, en su rol como monarca británico, también está siendo utilizado para fomentar una relación cordial con el Presidente Trump, evidenciando la delicada posición que ocupa en el ámbito diplomático global.
El viaje relámpago del Rey Carlos y la Reina Camilla a Canadá, que duró apenas 24 horas, no impidió que el gobierno desplegara una muestra de pompa y ceremonia. Gaitas militares y tambores resonaron mientras los músicos marchaban frente a la sede temporal del Senado, una antigua estación de tren. La pareja real recorrió un corto trayecto en un carruaje ceremonial tirado por caballos, escoltado por 28 equinos de la Real Policía Montada de Canadá. Dentro de la cámara del Senado, el ambiente era festivo, especialmente entre los invitados, mientras que en el exterior, ciudadanos como Laura Downey expresaban su apoyo a los valores canadienses frente a la incertidumbre generada por la administración estadounidense.
Finalmente, el Rey Carlos concluyó su discurso haciendo alusión al himno nacional canadiense, reforzando la idea de que “El Norte Verdadero es fuerte y libre”, un sutil recordatorio de la resiliencia y la independencia que Canadá busca preservar en un contexto global desafiante. Canadá ha sido miembro del G7 desde su creación en 1976, un foro donde se discuten temas económicos cruciales. La visita de estado de la Reina Isabel II en 1957 fue un hito en la relación entre Canadá y la monarquía británica. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), renegociado como el T-MEC, ha sido fundamental en el comercio entre Canadá y Estados Unidos.




