La reducción de emisiones de metano proveniente de la ganadería es un desafío crucial en la lucha contra el cambio climático. En este contexto, una innovadora solución emerge desde las costas de Tasmania, Australia: el cultivo de *Asparagopsis*, un alga roja con el potencial de transformar la sostenibilidad de la industria ganadera. Este enfoque busca mitigar significativamente la huella de carbono asociada a la producción de carne y lácteos, sectores que contribuyen sustancialmente a las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Según la investigación publicada por El Comercio, una finca de 1.800 hectáreas ubicada frente a las costas de Triabunna, en la isla australiana de Tasmania, se ha especializado en el cultivo de esta alga, buscando reducir el metano producido por el ganado.
La clave del éxito de la *Asparagopsis* reside en su capacidad para actuar como un suplemento alimenticio para el ganado rumiante. Integrada en el forraje o el grano, esta alga inhibe la producción de metano durante el proceso digestivo de los animales, disminuyendo las emisiones provenientes de sus eructos y flatulencias. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que los rumiantes son responsables de aproximadamente un tercio de las emisiones globales de metano, convirtiendo esta solución en una herramienta valiosa para abordar el problema.
Estudios liderados por la investigadora Fran Cowley, de la Universidad de Nueva Inglaterra, respaldan la efectividad de la *Asparagopsis*. Cowley afirma que mediciones precisas demuestran la capacidad del alga para suprimir hasta el 95% de la producción de metano en animales que la consumen. Experimentos realizados en instalaciones de engorde de ganado en Queensland, Australia, revelaron una reducción del 50% en las emisiones de los animales suplementados con *Asparagopsis* durante un período de 200 días, en comparación con aquellos que no recibieron el suplemento.
El bromoformo, un compuesto presente en el alga, es el responsable de esta inhibición del metano. Si bien el bromoformo puede ser cancerígeno en grandes cantidades, Cowley asegura que la dosis utilizada en el suplemento es extremadamente pequeña y se disuelve completamente en el rumen, sin acumularse en la leche ni en la carne. Además, no se han detectado alteraciones en el sabor o la consistencia de los productos animales.
Sam Elsom, director de Sea Forest, ha establecido una granja marina en Triabunna para la producción de suplementos alimenticios a base de *Asparagopsis*, ofreciendo aceites, gránulos y piedras para lamer. Elsom, quien previamente trabajó en la industria textil, inició este proyecto en 2019 con el objetivo de catalizar una agricultura sostenible sin aumentar los costos para agricultores y consumidores. La producción se realiza tanto en mar abierto como en tanques terrestres, optimizando las condiciones de crecimiento del alga mediante el control de la luz, los nutrientes y el carbono disponible.
Sea Forest ya colabora con Ashgrove, un productor de leche de Tasmania, la cadena de hamburguesas Grill’d en Australia y la cadena minorista británica Morrisons. Además, Elsom ha mantenido conversaciones con productores lácteos en Francia y está en proceso de solicitar la autorización de sus productos a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Sin embargo, la adopción generalizada de esta solución se enfrenta a desafíos regulatorios y económicos. Según Cowley, la falta de incentivos o restricciones para la reducción de emisiones de metano en la agricultura, tanto en Australia como a nivel global, limita su implementación. El costo relativamente alto de las algas también representa un obstáculo, aunque Cowley se muestra optimista respecto al futuro, anticipando la creación de nuevos productos y avances en la investigación en los próximos años.



