La salud pública en Perú se encuentra en alerta tras la confirmación de un caso importado de sarampión en un niño de 11 años. El paciente, residente en el país, contrajo la enfermedad al tener contacto con un familiar en Nebraska, Estados Unidos, lo que ha desatado la activación inmediata de protocolos sanitarios a nivel nacional. Esta situación resalta la vulnerabilidad persistente ante enfermedades prevenibles por vacunación y la importancia de mantener altas las coberturas de inmunización. La rápida respuesta del Ministerio de Salud (MINSA) busca evitar la propagación de este virus altamente contagioso, recordando la historia de devastación que las enfermedades infecciosas han causado en el país.
Según la investigación publicada por El Comercio, este caso ha generado preocupación debido a la alta tasa de transmisibilidad del sarampión y la posibilidad de complicaciones graves, especialmente en niños pequeños, mujeres embarazadas y personas con sistemas inmunitarios debilitados.
El sarampión, cuyo número básico de reproducción (R0) oscila entre 12 y 18, implica que una persona infectada puede contagiar a un número significativo de individuos no vacunados. La enfermedad se transmite a través de las vías respiratorias, por medio de la tos, estornudos o contacto directo con secreciones infectadas. Sus síntomas iniciales, como fiebre alta, tos, secreción nasal, conjuntivitis y erupción cutánea, pueden derivar en complicaciones severas como neumonía, encefalitis, ceguera e incluso la muerte.
En el pasado, el sarampión causó estragos en la población peruana, especialmente tras la llegada de los conquistadores, quienes trajeron consigo enfermedades desconocidas en el continente. Epidemias de sarampión, viruela y gripe diezmaron a la población nativa, con consecuencias demográficas catastróficas. El último brote epidémico de sarampión en Perú ocurrió entre 1992 y 2000, dejando un saldo de 26.983 casos confirmados y 382 fallecidos, siendo 1992 el año más crítico con 22.605 contagios.
La vacunación es la principal estrategia para prevenir el sarampión y evitar brotes epidémicos. En Perú, desde la década de los 90, se implementó la estrategia de “puesta al día” promovida por la OMS y la OPS, enfocada en vacunar a menores de 15 años y realizar campañas de seguimiento para menores de 5. Actualmente, el esquema de vacunación incluye dos dosis de la vacuna triple vírica (sarampión, rubeola y parotiditis), aplicadas al año y a los 18 meses de edad. Sin embargo, la cobertura de vacunación se ha visto afectada por diversos factores, como la pandemia de COVID-19, la desinformación y la complacencia por la ausencia de casos durante años.
El infectólogo pediatra José López Revilla, de la Universidad Científica del Sur, advierte que el riesgo de reintroducción del virus en el país es alto si la cobertura de vacunación se mantiene por debajo del 95%, el umbral necesario para mantener la inmunidad colectiva. La movilidad global y el turismo desde países con brotes elevan la probabilidad de importación de casos. Aunque Perú cuenta con protocolos de respuesta rápida y experiencia en campañas de vacunación, enfrenta desafíos como la fragmentación del sistema de salud y la limitada capacidad diagnóstica en regiones remotas.
La especialista del INSN, Ingrid Livia, señala que uno de los desafíos es asegurar que los niños reciban ambas dosis de la vacuna, especialmente en zonas rurales donde las familias pueden migrar temporalmente y perder el seguimiento. Además, las zonas de frontera son vulnerables debido al ingreso de personas no vacunadas, como ha ocurrido con la migración venezolana en los últimos años. El caso actual subraya la necesidad de fortalecer las estrategias de vacunación, combatir la desinformación y garantizar el acceso equitativo a los servicios de salud para proteger a la población peruana del sarampión y otras enfermedades prevenibles.



