La diplomacia, o la falta de ella, se convirtió en protagonista inesperada durante la investidura del presidente ecuatoriano Daniel Noboa, al evidenciarse una tensa interacción, casi inexistente, entre los presidentes de Colombia, Gustavo Petro, y de Perú, Dina Boluarte. El incidente, más allá de un mero saludo protocolario omitido, refleja las complejas relaciones bilaterales y las tensiones políticas latentes en la región. La ceremonia, celebrada en la Asamblea Nacional de Ecuador, reunió a dignatarios de diversas naciones, aunque Petro y Boluarte destacaron por ser los únicos jefes de Estado presentes de países limítrofes con Ecuador.
Según la investigación publicada por Gestión, este aparente desaire capturó la atención de los asistentes y de los medios, convirtiéndose rápidamente en uno de los temas más comentados del evento.
El protocolo dictaba que ambos mandatarios debían ocupar asientos contiguos en la zona reservada para las autoridades de alto rango. La llegada de Boluarte precedió a la de Petro. Al ingresar al recinto, el mandatario colombiano debió pasar frente a la presidenta peruana. En el momento clave, Boluarte optó por mantener las manos entrelazadas, sin ofrecer un saludo formal. Petro, por su parte, respondió con un discreto contacto en el brazo de su homóloga, sin mediar palabra o gesto adicional.
La secuencia continuó con un saludo más efusivo de Petro a la vicepresidenta de República Dominicana, Raquel Peña. En una acción que algunos observadores calificaron de confusa, el mandatario colombiano no llegó a estrechar la mano del vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa, quedando Peña entre ambos. Posteriormente, el presidente del Senado chileno, Manuel Ossadón, se acercó a saludar a Petro, quien ya había tomado asiento.
Una vez ubicado, Petro entabló conversación con la vicepresidenta dominicana, pero evitó cualquier tipo de interacción adicional con Boluarte, quien, a su vez, tampoco buscó un acercamiento. Este silencio diplomático se desarrolló ante la atenta mirada de Robert Kennedy Jr., secretario de Salud de Estados Unidos, quien ocupaba un lugar en la fila posterior.
Es importante recordar que, a principios de este año, los gobiernos de Petro y Boluarte habían acordado restablecer las relaciones diplomáticas, luego de una crisis desatada a partir de 2023. El detonante fue la crítica de Petro a la gestión de Boluarte y el encarcelamiento del expresidente peruano Pedro Castillo tras su intento de autogolpe en diciembre de 2022. La normalización de las relaciones intentaba superar ese difícil capítulo. Antes de la ruptura, Boluarte, entonces vicepresidenta, había representado a Perú en la investidura de Petro en agosto de 2022, en nombre del gobierno de Castillo.
La visita de Petro a Quito estuvo marcada por sus persistentes críticas a la situación política en Ecuador. El mandatario colombiano cuestionó abiertamente la legitimidad de los resultados electorales que dieron la victoria a Noboa, respaldando, sin presentar pruebas, las denuncias de fraude promovidas por el correísmo. Asimismo, Petro reiteró su exigencia de liberación para el exvicepresidente Jorge Glas, quien fue arrestado en la embajada de México en Quito, tras recibir asilo diplomático, generando una controversia internacional de gran magnitud.




