El mundo del fotoperiodismo y la defensa de los derechos humanos y ambientales están de luto tras la pérdida de Sebastião Salgado, el aclamado fotógrafo brasileño, fallecido a los 81 años en París. Salgado, reconocido por su profunda sensibilidad y capacidad para capturar la esencia tanto de la naturaleza como de la condición humana, deja un legado imborrable como uno de los documentalistas visuales más influyentes de su generación. Su obra, caracterizada por un riguroso blanco y negro, trascendió fronteras y concienció sobre las problemáticas que asolan a las comunidades más vulnerables del planeta.
Según el reportaje de The New York Times, Salgado falleció el viernes en París, según anunció el Instituto Terra, la organización sin ánimo de lucro que fundó junto a su esposa en Brasil, a causa de leucemia, una enfermedad que se desarrolló como consecuencia de una particular cepa de malaria que contrajo en 2010 mientras trabajaba en un proyecto fotográfico en Indonesia. La noticia ha generado una ola de homenajes en el ámbito artístico y humanitario.
La trayectoria de Salgado se caracterizó por su compromiso inquebrantable con la denuncia social y la defensa del medio ambiente. A través de su lente, documentó las duras condiciones de trabajo en minas de oro brasileñas, retrató la devastación causada por la hambruna en Etiopía, y capturó el horror de los incendios de pozos petrolíferos en Kuwait durante la retirada de las tropas de Saddam Hussein en 1991. Estas imágenes, de un impacto visual arrollador, lograron resonar en audiencias de todo el mundo y generar conciencia sobre problemáticas que a menudo quedan relegadas al olvido.
Salgado no solo fue un maestro de la técnica fotográfica, sino también un narrador incansable de historias humanas. Sus proyectos, que lo llevaron a recorrer más de 120 países, se centraron especialmente en el trabajo, la migración y la vida de las comunidades indígenas de la Amazonía, un territorio que amaba profundamente y al que dedicó gran parte de su carrera. Sus fotografías de la Amazonía no solo muestran la belleza de la selva, sino también la amenaza constante que enfrenta debido a la deforestación y la explotación de sus recursos.
Su enfoque, si bien aclamado por su fuerza estética, también generó debate. Algunos críticos argumentaban que Salgado embellecía el sufrimiento humano, transformando la miseria en arte. No obstante, el fotógrafo siempre defendió su postura, argumentando que la belleza no debía ser patrimonio exclusivo de los países ricos y que la dignidad humana debía ser visible en todas las condiciones.
Más allá de su labor fotográfica, Salgado demostró su compromiso con la preservación del planeta a través de la creación del Instituto Terra, un proyecto ambicioso que busca restaurar la Mata Atlántica, un ecosistema devastado por la acción humana. Esta iniciativa, nacida de la mano de su esposa Lélia Deluiz Wanick, es un testimonio de su profunda conexión con la tierra y su deseo de dejar un legado positivo para las futuras generaciones. La restauración de la Mata Atlántica es un claro ejemplo de cómo el arte y la acción pueden unirse para generar un impacto real en el mundo.
Entre los numerosos premios y reconocimientos que recibió a lo largo de su carrera, destacan dos premios Leica Oskar Barnack y varios premios World Press Photo. Fue nombrado miembro honorario de la Academia de Artes y Ciencias en 1992 y de la Academia Francesa de Bellas Artes en 2016. Su legado perdurará a través de sus fotografías, que seguirán inspirando y generando conciencia sobre los desafíos que enfrenta la humanidad.




