Kennedy y Trump coinciden: la infancia estadounidense afronta una salud precaria sin precedentes

La salud infantil en Estados Unidos se encuentra en el punto de mira tras la publicación de un extenso informe impulsado por la administración Trump. Este documento, fruto del trabajo de una comisión presidencial liderada por Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud, expone una visión crítica sobre el incremento de enfermedades crónicas en la población infantil, señalando factores de riesgo que van desde la alimentación hasta la exposición a químicos y el uso de medicamentos.

Según la investigación publicada por The New York Times, el informe, denominado “Make America Healthy Again”, no establece directrices políticas específicas, sino que presenta estudios y propone nuevas investigaciones. Se enfatiza que la problemática requiere un análisis profundo y una conversación nacional.

El documento establece una relación directa entre la creciente prevalencia de enfermedades crónicas en niños y el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados. Se destaca que casi el 70% de las calorías que consumen los niños y adolescentes provienen de estos alimentos, tales como refrescos, nuggets de pollo, sopas instantáneas y snacks empaquetados. Paralelamente, se advierte sobre la exposición a una variedad de químicos presentes en el aire, el agua y los alimentos, incluso desde la etapa prenatal.

Aunque el informe reconoce el valor de las vacunas para proteger a los niños de enfermedades infecciosas, también plantea interrogantes sobre su posible relación con el desarrollo de enfermedades crónicas, a pesar de la evidencia científica que refuta esta conexión. Esta postura, junto con las críticas a las “mandatos” de vacunación, generó controversia y críticas por parte de expertos en salud pública. Es importante recordar que las tasas de vacunación infantil en EE.UU. han fluctuado en los últimos años, con ciertas áreas experimentando brotes de enfermedades prevenibles por vacunación.

El informe señala a las industrias alimentaria y química y su influencia en las políticas federales como un factor clave en la crisis de salud infantil. Se critica la inversión multimillonaria de los fabricantes de pesticidas en investigaciones destinadas a influir en los responsables de la formulación de políticas, una táctica que, según el informe, guarda similitudes con las estrategias empleadas por la industria tabacalera para distorsionar el consenso científico. Esta preocupación se une a la creciente discusión pública sobre la transparencia en la investigación científica y el papel de las corporaciones en la toma de decisiones gubernamentales relacionadas con la salud.

Las reacciones al informe fueron mixtas. Mientras que algunos expertos celebraron el reconocimiento de la influencia corporativa en la investigación científica y la necesidad de abordar la exposición a químicos tóxicos, otros criticaron el documento por sembrar dudas sobre la seguridad de las vacunas y por presentar una visión sesgada de la evidencia científica disponible. La finalización abrupta de programas que proporcionaban productos agrícolas locales a las escuelas y el recorte de fondos para investigaciones sobre la mejora de la dieta infantil suscitaron inquietudes adicionales sobre la coherencia de las acciones de la administración con las recomendaciones del informe.