La controversia rodea a Perrier, la icónica marca francesa de agua mineral, por acusaciones de prácticas de filtrado que contravienen la estricta regulación sobre el uso del término «natural». Este escándalo, que involucra a su empresa matriz Nestlé y a funcionarios franceses, pone en tela de juicio la integridad de una marca asociada durante más de un siglo a la pureza y el refinamiento europeo. El debate se centra en si las prácticas empleadas para garantizar la seguridad del agua cumplen con los estándares que definen el agua mineral natural, un recurso cada vez más amenazado por la contaminación y el cambio climático.
Según la investigación publicada por The New York Times, Nestlé y funcionarios franceses ocultaron el uso de filtros en el agua Perrier, la cual es etiquetada como «natural».
Las acusaciones se centran en el uso de filtros y esterilizadores ultravioleta por parte de Nestlé Waters para tratar el agua embotellada proveniente de pozos en el sur de Francia. Reguladores franceses y organizaciones de defensa del consumidor argumentan que estos métodos contravienen las regulaciones francesas y de la Unión Europea, alterando la composición del agua hasta el punto de que ya no puede ser considerada «natural». Las autoridades de la región de Gard, donde se encuentra la fuente de Perrier, ordenaron a la compañía retirar sus filtros en un plazo de dos meses, mientras se decide si se exige a Perrier modificar su etiquetado.
La investigación del Senado francés reveló que Nestlé ocultó el tratamiento del agua Perrier y otras marcas, contando con la colaboración del gobierno francés, al que se acusa de encubrir «prácticas ilegales». Se alega que la empresa presionó a funcionarios del Ministerio de Industria en 2021 para que se le permitiera seguir vendiendo Perrier como «natural» a pesar de haber sido tratada. La oficina del Presidente Macron estaba al tanto de que «Nestlé había estado engañando durante años».
En respuesta, Nestlé no admitió haber actuado mal, pero reconoció «desafíos comunes» para la industria del agua embotellada y la necesidad de una mayor «claridad y coherencia» en las regulaciones. La empresa insiste en que todos sus productos de agua mineral natural en el mercado son seguros para el consumo y mantienen su singular mineralización, tal como se indica en la etiqueta. A pesar de esta afirmación, la controversia ha escalado hasta el punto de que el senador Alexandre Ouizille, quien lideró la investigación, describe el caso como un ejemplo de «captura regulatoria y colusión estatal-industrial».
La historia de Perrier se remonta a la época romana y a principios del siglo XX, cuando el aristócrata inglés St. John Harmsworth adquirió la fuente y comenzó a embotellar y vender el agua. Años después, Nestlé adquirió la empresa. A pesar de los incidentes previos, como la retirada de millones de botellas en Estados Unidos por la presencia de benceno en 1990, Perrier logró recuperarse y expandir su producción. Sin embargo, los problemas más recientes, incluyendo el hallazgo de bacterias fecales y pesticidas en el agua, plantean serias dudas sobre la sostenibilidad de la marca a largo plazo. Nestlé destruyó 2 millones de botellas de Perrier tras el hallazgo de bacterias fecales tras unas fuertes lluvias.
El jefe ejecutivo del conglomerado Nestlé, Laurent Freixe, sugirió que la idea de agua mineral natural está desfasada. Científicos como Peter Gleick, del Pacific Institute, concuerdan en que es cada vez más difícil encontrar agua libre de contaminantes humanos. Grupos de defensa del consumidor han acusado a Nestlé de fraude al comercializar agua tratada como «natural», lo que les permite cobrar precios más altos. La empresa acordó pagar una multa de 2 millones de euros en septiembre tras una investigación sobre sus prácticas. El agua de Perrier ha sido relacionada a la salud desde la época de los romanos, quienes creían en sus propiedades curativas.




