La situación en Gaza se encuentra en un punto crítico, marcada por una escalada de tensiones y una crisis humanitaria que se agudiza día tras día. Israel, durante meses, ha ejercido presión sobre Hamas mediante la amenaza de una ofensiva terrestre de gran envergadura y el bloqueo de la ayuda humanitaria, generando un panorama de incertidumbre y sufrimiento para la población civil.
Según la investigación publicada por The New York Times, esta estrategia ha presentado notables contradicciones internas, evidenciadas por la reciente reversión en la política de ayuda humanitaria, permitiendo el ingreso de un número limitado de camiones con alimentos a la Franja de Gaza.
Este cambio de postura se produce en un contexto de crecientes críticas internacionales y advertencias sobre el riesgo inminente de hambruna en el territorio, un escenario que podría socavar el apoyo extranjero a la campaña israelí. La decisión de permitir el ingreso de ayuda se produce tras la presión de la administración Trump, principal aliado de Israel, quien temía que el bloqueo provocara una catástrofe humanitaria. Cabe destacar que la ONU ha indicado que más de 500.000 personas en Gaza se enfrentan a niveles catastróficos de inseguridad alimentaria.
Paralelamente, la postergación de la incursión terrestre, a pesar del incremento en la retórica y los bombardeos, revela profundas divergencias dentro del liderazgo israelí. El primer ministro Netanyahu se enfrenta a la difícil tarea de conciliar las demandas de sus aliados de extrema derecha, quienes abogan por la reocupación total de Gaza, con las reservas de los altos mandos militares, que advierten sobre los desafíos logísticos y los riesgos inherentes a una ocupación prolongada, incluyendo la seguridad de los rehenes.
Daniel B. Shapiro, ex embajador de Estados Unidos en Israel, señala que Netanyahu, fiel a su estilo, prefiere ganar tiempo y evitar decisiones definitivas, una táctica que le permite navegar entre las presiones internas y externas. Shapiro, ahora investigador en el Atlantic Council, también subraya las dudas de la cúpula militar sobre la viabilidad de una ocupación permanente, considerando la disponibilidad de reservistas y la preocupación por el destino de los rehenes. Según datos de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), el conflicto ha desplazado a más de 1,7 millones de personas en Gaza.
La demora en la operación terrestre también está vinculada a las negociaciones en curso para un alto el fuego, impulsadas por la administración Trump. Israel busca la liberación de varios rehenes a cambio de una tregua temporal, mientras que Hamas insiste en un acuerdo permanente. Israel confía en que la amenaza de perder más territorio impulse a Hamas a aceptar una solución menos favorable a sus intereses. Shira Efron, directora de investigación del Israel Policy Forum, considera que todas las acciones deben interpretarse en el marco de estas negociaciones, donde la ofensiva terrestre actúa como una herramienta de presión sobre Hamas.
Mientras tanto, el gobierno israelí había minimizado las advertencias sobre la escasez de alimentos en Gaza, afirmando que existían reservas suficientes para evitar una hambruna. Sin embargo, la reanudación de la ayuda se ha canalizado a través de la ONU, luego de que la empresa privada designada para reemplazarla no lograra operar a plena capacidad. Esta situación pone de manifiesto las contradicciones y las dificultades que enfrenta Israel para gestionar la crisis humanitaria y mantener el apoyo internacional. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado sobre el colapso del sistema sanitario en Gaza, con hospitales desbordados y falta de suministros básicos.
A pesar de estos esfuerzos, la comunidad internacional mantiene su preocupación por la conducción de la guerra y la situación humanitaria en Gaza. Líderes de Francia, el Reino Unido y Canadá han condenado las operaciones militares israelíes y han exigido un retorno a la entrega de ayuda humanitaria según los principios de la ONU. En una declaración conjunta, advirtieron sobre la insuficiencia de la ayuda permitida y amenazaron con tomar medidas adicionales si Israel no cesa la ofensiva y levanta las restricciones a la asistencia humanitaria.




