Pepe Mujica
Pepe Mujica

PEPE MUJICA

“La sobriedad es aprender a vivir con lo necesario, sin tener grandes ataduras materiales”, dijo. Ostentó el título de “jefe de Estado más humilde del mundo”. Presidente de Uruguay (2010-2015) con vocación de servicio, transparencia en la gestión y honradez con los recursos del Estado es el perfil de José Mujica Cordano; falleció el martes 13 de mayo, solo faltaban siete días para que cumpliera 90. Donó generosamente el 90% de su sueldo a organizaciones benéficas. Estuvo preso, por integrar el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, 13 años, durante la dictadura cívico-militar de Juan María Bordaberry. Luego de culminar su período gubernamental no tuvo procesos judiciales ni carpetas fiscales de investigación. Se refugió en su casa de campo, a modo de retiro político y espiritual definitivo, junto a su compañera Lucía Topolansky. Es la antípoda de Fujimori, Humala o Pedro Castillo. A este último le dijo: “Juégale limpio a tu pueblo, no lo engañes”. La lección de Pepe Mujica es integridad y austeridad en el poder político.

¿Cuál es el legado histórico de un presidente de la república? Es la actitud transparente y sabiduría política durante el desempeño en la gestión pública. Mantuvo en pie su vocación por la participación política del ciudadano y el modo de vivir con total humildad, sin lujos ni banalidades. Una finca rural para la agricultura, la presencia de su mujer y compañera de jornadas Lucía, su perra albinegra y el escarabajo Volkswagen eran suficientes. Estuvo a la altura de las circunstancias para mostrar la coherencia de los principios y los deseos para el pueblo en la política y la ética. Pepe Mujica no necesitó sueldos astronómicos, residencia presidencial, comodidades sofisticadas, celular de alta gama. Los últimos años estuvo en una finca donde se dedicaba a la agricultura, estaba en contacto directo con la naturaleza, sembrando y cosechando flores y legumbres, manejando su tractor agrícola. Recibía en su casa a quien quisiera conversar con él y escuchar su consejo de filósofo. Pepe Mujica fue un anciano sabio, monógamo, defensor de la vida, la libertad y la felicidad. Cuando le preguntaron de qué se arrepentiría, respondió en serio: “No haber tenido un hijo”. Todas sus propiedades legítimas, ganadas con el sudor de su frente, serán donadas a una fundación para atender las necesidades de la gente pobre de Uruguay. Mujica rubricó tres leyes importantes que cambiaron a la sociedad charrúa: legalización del aborto, el matrimonio igualitario y el consumo de marihuana. Pepe Mujica dejó problemas sin resolver; no era un mago político.

Pepe Mujica tenía el don del sabio: hablar con sencillez y hondura reflexiva para dar lecciones basadas en la experiencia. Las preguntas de Martín Caparrós muy oportunas, en un contexto sociocultural, donde la política es repugnante, pero necesaria: “¿Por qué lo respetábamos? ¿Por qué le creíamos? ¿Por qué lo escuchamos tantas veces con esa agüita en el repulgue de los ojos? ¿Qué tenía ese señor lleno de arrugas, el bigotito gris, los pelos y la barba mal cortados, la panza desbordada, las ojeras, la cara de yo no fui, pero si les contara, la boina que le debía más al peón de campo que a cualquier Guevara? ¿Por qué, en un mundo que desprecia a los políticos, tantos lo apreciaban? ¿Quizá porque hablaba un idioma que parecía nuestro idioma? ¿Quizá porque guardaba convicciones que tantos han perdido? ¿Quizá porque decía lo que los otros callan?” Pepe Mujica dejó un proverbio que se le debe susurrar al oído de los ciudadanos presidenciables: “Hay que elegir a los políticos que tengan el corazón grande y el bolsillo chico”.

Pepe Mujica fue un ciudadano y un político de izquierda. En sus años de tupamaro creyó que la violencia era el camino para el socialismo. La cárcel y la soledad le enseñaron que estaba equivocado. Se incorporó a las reglas de la democracia, la pluralidad ideológica y la tolerancia. Fue un izquierdista democrático, lejos del dogmatismo y el “odio de clase”; jamás renunció a la utopía de la igualdad, la justicia y la solidaridad sociales. La posición izquierdista de Mujica dista leguas de la de Maduro, Ortega, Evo Morales o Vladimir Cerrón. Pepe Mujica es un gigante de la izquierda continental, un símbolo de la izquierda de América Latina, a la estatura de Salvador Allende. A un gobernante ultraderechista, como Javier Milei de Argentina, Pepe Mujica le provoca alergia y silencio total. El presidente de Uruguay Yamandú Orsi, también miembro del Frente Amplio, dijo: “Presidente, militante, referente y conductor. Te vamos a extrañar mucho, viejo querido. Gracias por todo lo que nos diste y por tu profundo amor por tu pueblo”. De sí mismo decía Pepe Mujica: “Me llaman el presidente más pobre, pero yo no me siento pobre. Pobres son esos que trabajan para tratar de mantener un estilo de vida caro y siempre quieren más y más. Si no tenés muchas posesiones, no tenés que trabajar toda tu vida como un esclavo para mantenerlas y entonces tenés más tiempo para vos”. Mario Benedetti, en el poema “Militancia”, escribe: “Está visto que un pueblo solo empieza a ser pueblo cuando cada singular necesita perentoriamente su plural / y fue precisamente la necesidad del plural la que nos llevó a encontrarnos y vernos las caras y vernos los miedos y vernos la osadía”. Pepe Mujica siempre fue el plural.

La actuación de los políticos es una lección. Unos viven en la memoria de la sociedad; otros merecen la amnesia colectiva. Pepe Mujica vivió al servicio de la política, asumió las consecuencias de sus actos y convicciones. Los uruguayos le dicen: “Pepe el Grande, el pueblo está contigo”. Seguro que los políticos ven en la trayectoria de Pepe Mujica un referente de coherencia y decencia. José Mujica comparte trascendencia en América Latina con Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti y Horacio Quiroga. Los restos humanos de Pepe Mujica fueron cremados; las cenizas, enterradas al pie del árbol centenario cerca de Rincón del Cerro, en las afueras de Montevideo, donde vivió hasta el último día de su existencia. Ahí compartió la tierra con Manuela, la perra de tres patas. Dice Michelle Bachelet, expresidenta de Chile. “Su vida estuvo marcada por la adversidad, por años de encierro, por el dolor que deja la violencia política. Pero nunca lo vimos rendirse al odio ni al resentimiento. Salió de la cárcel con más convicciones que rencores, con más sueños que reproches. Su resiliencia no fue solo individual, fue una apuesta colectiva por el reencuentro y por la esperanza”. Pepe Mujica, con defectos y virtudes, practicó una admirable vocación de servicio en la política. Se quitó la banda presidencial el 1 de marzo de 2015, en la Plaza Independencia de Montevideo, delante del monumento del libertador José Artigas, y se la colocó a Tabaré Vásquez. Exhortó a la multitud que lo aclamaba: “No me voy, estoy llegando. Me iré con el último aliento y donde esté, estaré por ti, estaré contigo, porque es la forma superior de estar con la vida”. Pepe Mujica es paradigma de político decente.