El recorte presupuestario implementado por la administración Trump ha afectado de manera significativa los programas de prevención del tabaquismo, comprometiendo iniciativas de ayuda y concienciación en todo el país. Esta reducción de fondos, que incluye el cierre de una oficina clave dentro de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), amenaza con revertir los avances logrados en la lucha contra el consumo de tabaco y cigarrillos electrónicos, especialmente entre los jóvenes.
Según la investigación publicada por The New York Times, la eliminación de fondos clave del CDC ha mermado el apoyo a las líneas de ayuda estatales utilizadas por miles de personas para dejar de fumar y vapear.
Un ejemplo palpable de las consecuencias de estos recortes se observa en West Virginia, donde el programa “Raze” en la escuela secundaria Wyoming East, ubicado en una región históricamente vinculada a la industria del carbón, se ha visto directamente afectado. Este programa, que costaba menos de $3,000 al año, buscaba crear conciencia sobre los riesgos del tabaco y los cigarrillos electrónicos entre los adolescentes, quienes en este estado presentan una de las tasas más altas de vapeo. La situación en esta escuela refleja una problemática más amplia, donde los estudiantes recurren al vapeo en los baños escolares, lo que evidencia la urgencia de intervenciones preventivas.
Expertos en control del tabaco advierten que estos recortes podrían desandar los logros de un cuarto de siglo de esfuerzos en salud pública, que habían logrado reducir las tasas de tabaquismo a niveles récord y generar ahorros significativos en gastos sanitarios. A pesar de estos avances, el CDC estima que cerca de 29 millones de personas en Estados Unidos continúan fumando, lo que subraya la importancia de mantener e intensificar los programas de prevención. Cabe recordar que en 2009 se aprobó la Ley de Prevención del Tabaquismo y Control del Tabaco que otorgó a la FDA la autoridad para regular los productos de tabaco.
Además de la reducción de fondos destinados a programas estatales, la administración Trump también despidió a personal clave de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) encargado de imponer multas a minoristas que vendían tabaco a menores y de regular la comercialización de cigarrillos electrónicos ilícitos. También se eliminó al equipo responsable de elaborar propuestas para prohibir los cigarrillos de mentol y reducir la cantidad de nicotina en los cigarrillos, iniciativas que la administración Trump abandonó. Esta decisión se produjo pese a que en 2023 la FDA propuso una norma para prohibir los cigarrillos mentolados.
Esta reducción en el personal de la FDA también afectó la revisión y aprobación de nuevos productos de tabaco, generando inquietudes sobre la posible proliferación de productos nocivos en el mercado. Simultáneamente, los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) cancelaron subvenciones para investigadores que examinaban el consumo de tabaco entre grupos específicos, como jóvenes LGBTQ, afroamericanos y jóvenes en general, incluyendo una subvención de $14 millones destinada a determinar los mensajes más efectivos para disuadir a los adolescentes de vapear.
La supresión de la Oficina de Tabaquismo y Salud en el CDC, unidad con raíces en el informe histórico de 1964 que vinculó por primera vez el tabaquismo con el cáncer de pulmón, es otro ejemplo preocupante. Esta oficina distribuía casi $100 millones de su presupuesto de $260 millones a los estados y apoyaba campañas publicitarias antitabaco como “Consejos de exfumadores”, que mostraban a personas visiblemente debilitadas por enfermedades relacionadas con el tabaco. Es importante mencionar que en 2021, el gasto mundial en control del tabaco alcanzó los 1.200 millones de dólares.




