La reciente elección del Papa León XIV ha generado un torbellino de reacciones a nivel mundial, pero en Chiclayo, Perú, la noticia resuena con una particular intensidad. La figura de Robert Francis Prevost, ahora Sumo Pontífice, está grabada en la memoria de muchos chiclayanos, quienes lo recuerdan por su cercanía y labor pastoral. Su periodo como obispo de Chiclayo dejó una profunda influencia en la comunidad local, un legado que ahora se examina con renovado interés tras su ascenso al papado.
Según la investigación publicada por El Comercio, el padre Fidel Purisaca Vigil, quien fuera estrecho colaborador de Prevost durante su tiempo como obispo en Chiclayo, ofrece una perspectiva íntima del nuevo Papa.
El padre Purisaca, en una conversación reveladora, destaca el impacto que Prevost tuvo en la diócesis de Chiclayo. Prevost, quien llegó a la región como administrador apostólico en 2014, se distinguió por su enfoque pastoral centrado en la comunión y el servicio. Su respeto por las instituciones y las personas facilitó la construcción de puentes y el fortalecimiento de la comunidad religiosa. Este enfoque, según Purisaca, es lo que define a Prevost como un obispo extraordinario que realizaba acciones ordinarias con una profunda humanidad. Cabe mencionar que la diócesis de Chiclayo ha sido un punto clave para la iglesia en Perú, siendo sede de importantes eventos religiosos y sociales a lo largo de su historia.
Más allá de su labor eclesiástica, el padre Purisaca recuerda a Prevost como un amigo cercano y una persona de gran calidad humana. Desde sus primeros días en Chiclayo, Prevost demostró una preocupación genuina por el bienestar de su equipo de trabajo, creando un ambiente familiar y de colaboración. Detalles como preguntar por el bienestar personal de sus colaboradores reflejaban su empatía y cercanía. Su puntualidad en la oración y su dedicación a la misión que Dios le encomendó en tierras peruanas son también rasgos que Purisaca destaca con gratitud y cariño.
La vida cotidiana de Prevost en Chiclayo era sorprendentemente sencilla. Despertaba temprano para orar en la capilla de la catedral y compartía el desayuno con sus colaboradores. Amante de la gastronomía local, disfrutaba de platos típicos como el cabrito, el ceviche de tollo y el arroz con pato. También apreciaba la música criolla, que solía escuchar durante el almuerzo. En su día a día, se integraba a la comunidad como un chiclayano más, realizando tareas cotidianas como ir al banco o al supermercado, siempre saludando con naturalidad y respeto.
El deporte también formaba parte de su rutina, practicando tenis en el Jockey Club de Chiclayo y el colegio Santa María Reina. Su residencia en la diócesis era modesta, una habitación sin lujos que reflejaba su estilo de vida austero. Una anécdota que Purisaca recuerda con especial cariño es cuando Prevost le ofreció alojamiento en el obispado ante sus dificultades para encontrar vivienda, demostrando su generosidad y disposición a ayudar a quienes lo necesitaban. Según fuentes cercanas a la iglesia, este tipo de gestos eran habituales en Prevost.
En resumen, el padre Purisaca describe al Papa León XIV como un pastor y amigo cercano al corazón de Cristo y de las personas más necesitadas. Esta visión es compartida por Monseñor Edinson Farfán Córdova, actual obispo de Chiclayo, quien destaca la alegría y gratitud de la comunidad católica chiclayana ante la elección de «uno de los suyos» como sucesor de San Pedro. Monseñor Farfán subraya el compromiso de Prevost con los pobres y su convicción de que son ellos quienes nos evangelizan con su fe y sencillez. La elección de León XIV ha generado un fuerte sentimiento de orgullo y esperanza en la comunidad católica de Chiclayo, que ve en su nuevo líder un reflejo de sus propios valores y aspiraciones.




