El mercado inmobiliario peruano experimenta una transformación impulsada por una nueva generación de compradores, marcando un cambio significativo en las preferencias y dinámicas del sector. Este cambio se da en un contexto donde la digitalización y el acceso a la información remodelan las decisiones de inversión, generando nuevas oportunidades y desafíos para las empresas del sector. El acceso a financiamiento, aunque aún limitado para algunos segmentos, se ha convertido en un factor clave en la decisión de compra.
Según la investigación publicada por El Comercio, el perfil del comprador de vivienda en Perú está evolucionando rápidamente, impulsado por factores generacionales y la adopción de tecnologías digitales.
El análisis de Impulso Corp revela que el comprador moderno es predominantemente hombre (63%) y pertenece a las generaciones millennial (28-42 años) o X (43-59 años), que conjuntamente representan el 64% del interés en la adquisición de propiedades. Ruth Castillejo, CEO de Impulso Corp, destaca la racionalidad de este nuevo comprador, su enfoque en la inversión inteligente y su constante búsqueda de la valorización del inmueble. Esta tendencia contrasta con el comportamiento del comprador tradicional, quien solía depender más de la experiencia presencial y las recomendaciones personales.
La digitalización ha jugado un papel fundamental en este cambio. Luciano Barredo, gerente de Marketing de Urbania y Adondevivir, subraya que la digitalización ha otorgado mayor poder al comprador, permitiéndole investigar, comparar y tomar decisiones de compra de manera informada y autónoma. De hecho, las ventas digitales ya constituyen el 16% del total anual, y hasta el 90% de ciertas operaciones se concretan con personas que residen en el extranjero, evidenciando la creciente importancia de la experiencia digital en el proceso de compra.
Manuel De La Barrera, gerente comercial de Menorca Inversiones, añade que el comprador actual es joven, informado y busca formalidad. Muchos son solteros o tienen familias pequeñas, y priorizan la inversión a edades más tempranas para construir patrimonio con independencia. La mayor parte de su demanda proviene de clientes entre 25 y 40 años, con un pico entre los 30 y 35 años, representando más del 50% de su cartera activa. Es importante señalar que más del 50% son trabajadores dependientes y un 21% son independientes formalizados, pertenecientes principalmente a los segmentos C y D, buscando productos accesibles con crédito directo.
Los factores clave que influyen en la decisión de compra incluyen el precio del inmueble, su estado (nuevo o usado), la seguridad de la zona, el tamaño y la distribución, y la ubicación con buena conectividad. A estos se suman elementos como estacionamiento (25,1%), áreas verdes (24,6%), cercanía a comercios (21,8%) y la posibilidad de tener mascotas (17,5%). Las áreas comunes también están adquiriendo mayor relevancia, con espacios multifuncionales como ‘coworking’, gimnasios, zonas para mascotas, cines al aire libre y ‘sport bars’ siendo cada vez más valorados.
La demanda inmobiliaria se concentra principalmente en Lima Metropolitana (58,7%), con especial interés en Lima Moderna (Jesús María, Magdalena, Pueblo Libre y Lince), que representa el 25,4% de las búsquedas. Si bien los precios en esta zona oscilan entre S/5.700 y S/7.200 por m², zonas emergentes como el Cercado de Lima, La Victoria y Lima Norte (Los Olivos) están experimentando un renovado dinamismo, impulsadas por mejoras en infraestructura y nuevas conexiones viales.
Menorca Inversiones ha detectado una expansión fuera de Lima, en ciudades como Chiclayo, Piura e Ica, con una creciente demanda por lotes urbanizados con servicios y financiamiento directo. Proyectos como San Antonio de Chiclayo y Alto Piura integran áreas verdes, drenaje pluvial, cableado subterráneo y accesos viales, ofreciendo alternativas formales y seguras para los segmentos C y D. Tanto Tribeca como Menorca anticipan un crecimiento continuo de la demanda inmobiliaria en 2025, impulsado por la recuperación del empleo formal y la adaptación de la oferta a las nuevas necesidades del consumidor.




