La competencia en el sector de las redes sociales está en el centro de un juicio antimonopolio contra Meta, la empresa matriz de Facebook. Lo que comenzó como una plataforma para conectar amigos y familiares, tal como la describió Mark Zuckerberg en 2006, ha evolucionado drásticamente, generando un debate sobre qué constituye realmente una red social y quiénes son sus competidores. Este juicio se produce en un contexto de creciente escrutinio hacia las grandes tecnológicas y su impacto en la competencia, el discurso y el comercio. En 2023, la inversión global en publicidad digital superó los 600 mil millones de dólares, demostrando el enorme valor del mercado que Meta busca proteger.
Según la investigación publicada por The New York Times, este caso histórico pone a prueba la definición misma de “red social” y si Meta, a través de adquisiciones como Instagram y WhatsApp, ha sofocado ilegalmente la competencia.
El juicio, presidido por el juez James E. Boasberg, se centra en si las adquisiciones de Instagram en 2012 y WhatsApp en 2014 por parte de Meta constituyen prácticas anticompetitivas. La Comisión Federal de Comercio (FTC), que está llevando el caso, argumenta que Meta es un monopolio en el mercado de las redes sociales personales, donde el enfoque principal es conectar a amigos y familiares. Bajo esta definición, los principales competidores de Meta serían Snap (Snapchat) y la aplicación MeWe, aunque esta última tiene una presencia mucho menor. La FTC busca, incluso, la división de Meta como remedio.
Por otro lado, Meta defiende que el panorama competitivo es mucho más amplio, incluyendo plataformas como TikTok y YouTube. Argumenta que la competencia se centra en captar la atención de los usuarios, independientemente de si la conexión es con amigos cercanos o a través del consumo de videos de formato corto. El propio Mark Zuckerberg restó importancia a su descripción de 2006, afirmando que “la parte de amigos ha disminuido bastante”. Esta postura se alinea con el cambio en el comportamiento del usuario, que ahora busca entretenimiento y contenido diverso en las plataformas.
La dificultad para definir las redes sociales se ha evidenciado en los testimonios de ejecutivos de empresas como Reddit, Pinterest y LinkedIn. Si bien reconocieron competir por los mismos usuarios, ofrecieron productos y experiencias diferentes. Adam Mosseri, jefe de Instagram, admitió que la plataforma se asemeja más a TikTok que a Facebook, enfocándose más en el entretenimiento que en la conexión entre amigos. Incluso TikTok minimiza su papel como red social, considerándose más una plataforma de entretenimiento.
La decisión del juez Boasberg tendrá importantes consecuencias para el sector tecnológico. Si falla a favor de la FTC, podría sentar un precedente para una aplicación antimonopolio más agresiva, disuadiendo a las grandes empresas tecnológicas de adquirir competidores más pequeños. Esto podría afectar la economía de las startups, cuyo modelo de negocio a menudo depende de la adquisición por parte de jugadores más grandes. Un fallo favorable a Meta, sin embargo, podría consolidar su posición dominante y permitirle seguir expandiéndose sin mayores restricciones regulatorias. El caso recuerda a otros juicios antimonopolio históricos, como el que enfrentó Microsoft en la década de 1990, donde la definición del mercado relevante fue crucial para el resultado final.
A diferencia de los casos antimonopolio tradicionales, donde los precios son un factor clave, el caso contra Meta presenta un desafío legal novedoso, ya que sus servicios son gratuitos para los usuarios. El debate se centra en la “atención” de los usuarios como recurso valioso, lo que complica la evaluación del poder de mercado y su impacto en la competencia. John Newman, profesor de derecho en la Universidad de Miami y ex funcionario de la FTC, señala que la agencia está adoptando un enfoque tradicional al definir el mercado de manera estrecha, pero reconoce que la naturaleza digital de la competencia hace que la atención sea el factor determinante. La resolución de este caso podría redefinir la forma en que se regulan las empresas de tecnología y su impacto en la sociedad.




