Como un sello característico de las vías de ingreso a nuestra Ciudad de la Eterna Primavera, desde Lima por la Carretera Central, del aeropuerto, desde Tingo María y de La Unión, encontramos montículos de desmonte de materiales de construcción, que irresponsables choferes de los llamados volquetes, arrojan diariamente en los bordes de las carreteras, a vista y paciencia de los moradores, sin que nadie les denuncien o por lo menos anoten los números de placas que podría ayudar a identificarlos y sancionarlos. Esta situación es vergonzosa porque se trata de las puertas de entrada a la ciudad capital del departamento, que deberían ser relucientes y embellecidas para dar una calurosa bienvenida a nuestros visitantes.
Huánuco también se ha convertido en una ciudad moderna, ahora con edificios de más de 10 pisos y pocos son los solares que mantienen la tradición arquitectónica colonial, todo ha sido derruido, ahora ha ganado el cemento y son las constructoras que contratan a estos vehículos que al no tener un lugar específico para deshacerse del material inservible, lo más fácil es tirarlos al borde de la carretera, donde descargan y huyen rápidamente.
Este trabajo de erradicar los desmontes debería corresponder a las municipalidades y centros poblados, pero además nosotros los vecinos no debemos permitir y más bien denunciarlo. Si bien es cierto que tenemos el derecho de arreglar y mejorar nuestras viviendas, al contratar los servicios de estos vehículos recomendarles un determinado lugar, sin dañar ni perjudicar a los vecinos, ni el medio ambiente, ni el ornato, ni la imagen de la ciudad. Al final son focos de contaminación no solo visual, sino contra la salud.
Los municipios cuentan con vehículos y personal que deberían vigilar los lugares donde se acumulan los montículos y no solo aplicarles multas, sino decomisar los vehículos y denunciar a los infractores por delito ambiental.



