El retorno de Donald Trump a la escena política estadounidense ha resonado con fuerza en el panorama global, marcando un posible cambio en las dinámicas del comercio y la economía mundial, especialmente para naciones como el Perú. Su enfoque proteccionista, con la reinstauración de aranceles y un discurso centrado en “América Primero”, plantea interrogantes sobre el futuro de las exportaciones peruanas y la estabilidad financiera del país.
Según la investigación publicada por El Comercio, la política económica de Trump, particularmente su confrontación con la Reserva Federal (FED) y su búsqueda de tasas de interés más bajas, podría generar un entorno financiero más volátil e incierto para economías emergentes como la peruana.
La imposición de aranceles a productos chinos, una acción que se percibe como el inicio de una guerra fría comercial, exige al Perú una estrategia bien definida para evitar quedar atrapado en medio de esta confrontación. Es crucial analizar cómo estos aranceles afectarán las cadenas de suministro globales y, por ende, la competitividad de los productos peruanos en el mercado internacional. Datos del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) revelan que las exportaciones a China representan un porcentaje significativo del total, lo que subraya la importancia de diversificar mercados y buscar alternativas comerciales.
Mientras Estados Unidos parece replegarse, China avanza con inversiones en infraestructura en América Latina, ofreciendo financiamiento y continuidad en proyectos clave como trenes y puertos. En el contexto peruano, donde la brecha de infraestructura es considerable, la oferta china representa una oportunidad para impulsar el desarrollo económico. No obstante, es fundamental que el Perú establezca condiciones claras y transparentes en sus acuerdos con China, garantizando que los proyectos sean sostenibles y beneficien a la población local.
La pugna entre Trump y Jerome Powell, presidente de la FED, no se limita a un debate técnico, sino que refleja una visión ideológica sobre el manejo de la política monetaria. Trump busca un crecimiento económico rápido, incluso a costa de aumentar el déficit fiscal. Esta presión sobre la FED podría comprometer la credibilidad del dólar y generar fluctuaciones en los tipos de cambio, afectando el costo del financiamiento en soles y encareciendo las importaciones para el Perú. Históricamente, episodios de inestabilidad financiera global han impactado negativamente el crecimiento económico peruano.
La historia ofrece lecciones valiosas sobre los riesgos del aislacionismo. Tras la Primera Guerra Mundial, el repliegue de Estados Unidos dejó un vacío de liderazgo que fue aprovechado por otras potencias, con consecuencias negativas para el mundo. Hoy, el Perú y América Latina se enfrentan a un escenario similar. La fragmentación regional impide que la región negocie en bloque y defienda sus intereses en el nuevo orden global. La falta de una estrategia coordinada debilita la posición de los países latinoamericanos y los expone a los vaivenes de la política internacional.
En este contexto desafiante, el Perú necesita definir un rumbo claro y aprovechar la competencia entre Estados Unidos y China para su propio beneficio. Esto implica diversificar mercados, fortalecer la infraestructura, promover la innovación y mejorar la competitividad de sus productos. Además, es fundamental que el Perú participe activamente en los foros internacionales y trabaje en colaboración con otros países de la región para construir un futuro más próspero y sostenible.




