La administración Trump reduce la atención de salud mental en el Departamento de Asuntos de Veteranos hacinando consultorios y generando inquietudes sobre la privacidad.

El regreso obligatorio a las oficinas decretado por la administración Trump está generando serios problemas de confidencialidad en la atención de salud mental a veteranos en diversas dependencias del Departamento de Asuntos de Veteranos (VA). Esta directriz, que revirtió una política preexistente a la pandemia que permitía el teletrabajo, ha provocado una crisis logística en la búsqueda de espacios adecuados para los profesionales de la salud, poniendo en riesgo la privacidad de las conversaciones terapéuticas.

Según la investigación publicada por The New York Times, clínicos del VA denuncian que se ven obligados a trabajar en espacios improvisados donde las conversaciones sensibles pueden ser escuchadas por terceros. Esta situación compromete la calidad de la atención y viola la confidencialidad que se debe garantizar a los veteranos.

En Oakland, por ejemplo, profesionales de la salud mental están compartiendo oficinas similares a centros de llamadas, incluso utilizando antiguos cuartos de correo donde se instalaron escritorios en lugar de los buzones. Esta falta de privacidad impacta directamente en la confianza que los veteranos depositan en el sistema de salud, un elemento crucial para su recuperación.

En Boston, la situación es igualmente preocupante, con seis trabajadores sociales realizando visitas telefónicas y de telemedicina desde una única habitación congestionada. Este hacinamiento no solo dificulta la concentración, sino que también impide mantener la confidencialidad de las conversaciones con los pacientes. Es importante recordar que el VA atiende a más de 9 millones de veteranos en todo el país, y la privacidad es un derecho fundamental en la atención médica.

La problemática se extiende a Kansas City, donde el personal debe planificar la atención al paciente en un espacio abierto con mesas estrechas tipo cafetería, eliminando cualquier posibilidad de conversación privada. En la Florida, enfermeras psiquiátricas atienden a veteranos con problemas de salud mental en un pasillo cerca de un baño, utilizando archivadores y una pantalla traslúcida como barrera improvisada. Este entorno precario pone en tela de juicio el compromiso del VA con la calidad de la atención.

Bill Frogameni, enfermero psiquiátrico de cuidados intensivos en el hospital del VA de Miami y director del capítulo local del sindicato National Nurses United, denuncia que en un centro ambulatorio del VA en Homestead, Florida, se está poniendo en riesgo la integridad de los veteranos: “La gente que pasa puede oír todo lo que está pasando”, asegura. Los enfermeros están realizando el triaje de los pacientes, preguntando cuestiones delicadas como: “¿Tiene ganas de hacerse daño a sí mismo o a otros? ¿Cuánto tiempo lleva sintiéndose suicida? ¿Tiene un plan para hacerse daño?”. Estas preguntas, de índole extremadamente personal, deberían realizarse en un entorno seguro y confidencial.

Las nuevas políticas de retorno a la presencialidad han generado un aumento significativo en la demanda de espacios de oficina dentro de las instalaciones del VA, sin que se haya previsto una planificación adecuada para garantizar la privacidad de los pacientes. El VA, que cuenta con uno de los sistemas de telemedicina más grandes del país con más de 900 centros de atención, ahora enfrenta el reto de equilibrar el regreso a las oficinas con las necesidades de confidencialidad de sus pacientes.