La persistente inestabilidad en Siria ha alcanzado un nuevo punto crítico con la reciente intervención militar israelí, desatada por una escalada de violencia sectaria en las cercanías de Damasco. Los enfrentamientos, que involucran a milicianos drusos y fuerzas leales al gobierno sirio, han dejado decenas de víctimas y amenazan con exacerbar aún más la ya compleja situación humanitaria y política en la región. Esta acción militar israelí se produce en un contexto de creciente preocupación por la seguridad de la minoría drusa en Siria, una comunidad que ha mantenido históricamente una posición neutral en el conflicto civil, pero que se ha visto crecientemente atrapada entre las facciones en pugna. La región ha sufrido durante años la presencia de diversos actores armados, incluyendo grupos yihadistas y fuerzas kurdas, complicando aún más el panorama.
Según la investigación publicada por The New York Times, la intervención israelí se produjo en respuesta a la intensificación de los enfrentamientos alrededor de la ciudad de Ashrafieh Sahnaya, un área predominantemente drusa situada al sur de Damasco.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) justificaron su acción argumentando que sus aviones atacaron a un grupo de «operativos» acusados de agredir a civiles drusos en medio de la propagación de la violencia en las afueras de la capital siria. Aunque la FDI no identificó a los operativos, el reportaje indica que combatientes islamistas pro-gubernamentales han estado enfrascados en duros enfrentamientos con milicianos drusos durante los últimos dos días. Anteriormente, el gobierno israelí había informado que sus fuerzas habían apuntado a miembros de un «grupo extremista» no identificado al sur de Damasco. La ambigüedad en la identificación de los objetivos plantea interrogantes sobre la naturaleza y alcance de la intervención israelí.
La intervención israelí se produce en un momento delicado, marcado por la persistencia de la guerra civil siria y la presencia de múltiples actores externos involucrados en el conflicto. La seguridad de la minoría drusa, que históricamente ha mantenido una postura neutral, se ha visto comprometida por la intensificación de la violencia sectaria. La comunidad drusa en Israel, que cuenta con un número significativo de miembros que sirven en las FDI, observa con preocupación la situación en Siria y ha instado al gobierno israelí a tomar medidas para proteger a sus correligionarios.
El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), con sede en Gran Bretaña, ha informado que al menos 39 personas han perdido la vida en los enfrentamientos, incluyendo 22 víctimas reportadas el miércoles. El OSDH, una fuente de información crucial sobre el conflicto sirio, ha documentado numerosos abusos contra los derechos humanos cometidos por todas las partes involucradas en la guerra.
Israel ha mantenido una política de ambigüedad en relación con la guerra civil siria, evitando tomar partido por ninguna de las facciones en conflicto, pero reservándose el derecho a intervenir en caso de que considere que sus intereses de seguridad nacional están amenazados. Los ataques aéreos del miércoles representan una escalada significativa en la participación israelí en el conflicto y plantean interrogantes sobre el futuro de la relación entre Israel y Siria. El gobierno sirio no se ha pronunciado al respecto, pero se espera una condena en las próximas horas, por la violación de su espacio aéreo.




