Jacobo Ramírez Mayz: «La literatura me ha enseñado a vivir en el presente»

El escritor huanuqueño Jacobo Ramírez Mays evoca en cada página de su obra la niñez vivida entre la pobreza creativa y la ternura cotidiana. Así nació Juguetes Perdidos, un libro tejido con los hilos invisibles de la memoria, que habla más del alma que de la palabra.
Docente universitario desde hace 23 años y autor de títulos como Cuatro puertas hay abiertas, Jacobo se ha convertido en una figura entrañable de la vida cultural huanuqueña. Su literatura no solo respira poesía y narración, sino que lleva en el pecho el corazón de un niño de Rancho, su pueblo natal.
Desde muy joven, cuando los teléfonos aún no nos robaban el tiempo, Jacobo descubrió que la palabra escrita podía ser puente y refugio. “En mi tiempo no había celulares, así que escribíamos cartitas”, recuerda con una sonrisa. Así empezó todo: escribiendo desde el afecto. Con el paso de los años, esa costumbre se transformó en vocación.
Su primer poemario, Cantos de soledad, amor y muerte, fue una confesión íntima de emociones universales. Pero fue con Juguetes Perdidos que encontró una forma de reencontrarse con su infancia. Allí están sus 27 poemas como soldaditos de plomo que resisten al olvido: carritos de lata, canicas, trompos y barquitos que no se hunden. La infancia como un jardín que nunca se seca.
Literatura desde la memoria y la calle
Todos los jueves, sus lectores buscan su columna Crónicas de un apóstata en el Diario Ahora. En ellas, Jacobo se desviste de toda solemnidad para mirar la vida con una mezcla de ironía, ternura y rabia. La serie más conmovedora nació de una noticia que le rompió el alma: “Padre desnaturalizado quema a su hijo”. Fue al hospital, lo buscó, habló con él. Escuchó, dolió, escribió.
De ahí nacieron El hospital, La cárcel, La iglesia y El cementerio, crónicas que luego reuniría en un libro bajo el título Cuatro puertas hay abiertas, inspiradas en ese viejo bolero que cantaba lo que nadie quiere decir: “Cuatro puertas hay abiertas para los que no tienen dinero…”.
No escribe para entendidos. Escribe para todos. “Cuando uno escribe una columna, come, duerme, hasta va al baño pensando en qué va a escribir”, dice entre risas. Pero esas risas esconden una pasión: la de no rendirse, la de seguir diciendo, aunque duela.
Una vez fue invitado por un colegio de la sierra. Porque el director le informó que los estudiantes leían su libro Juguetes Perdidos, aunque él ya no tenía ejemplares. Habían fotocopiado la obra. ¿Se enojó? No. “Eso es amor sin permiso”, pensó. Eso fue una de las razones por la que decidió reeditar Cuatro puertas hay abiertas con más cuidado y cariño.
Nuevo libro
Hoy, trabaja en un nuevo libro: Juegos Perdidos, un homenaje íntimo a los juegos que ya no se juegan pero que siguen brincando dentro. Salta soga, escondidas, rayuela, la gallinita ciega, mata gente… “Es un libro muy intimista, me ha costado mucho soltarlo”, confiesa. Ha pasado noches enteras corrigiendo, puliendo, acariciando cada palabra. Si todo sale bien, verá la luz en agosto, en Huánuco, su tierra, su raíz.
Antes de despedirse, deja un mensaje sereno y sabio para los jóvenes soñadores: “La gente sufre por cosas que no existen: por lo que ya pasó o lo que aún no llega. Los sueños se alcanzan viviendo el hoy”.

Dato
Quien desee adquirir sus libros puede contactarlo directamente al 955-854-908 o a través de sus redes sociales. Con la voz templada del que ha vivido y ha escrito desde la entraña, Jacobo Ramírez Mays sigue sembrando literatura desde Huánuco. Para todos. Para siempre.