Cómo manejar los 5 retos más comunes de la lactancia desde el comienzo

La lactancia materna es universalmente reconocida como la piedra angular para la salud infantil, proveyendo nutrientes esenciales y anticuerpos vitales para el desarrollo del recién nacido. No obstante, este proceso natural no siempre se desarrolla sin inconvenientes. A pesar de los esfuerzos globales y nacionales para promover esta práctica, muchas madres peruanas enfrentan dificultades que pueden comprometer la duración y exclusividad de la lactancia, impactando directamente la salud de sus hijos. La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y complementada con alimentos hasta los dos años o más.

Según la investigación publicada por El Comercio, si bien las cifras de lactancia materna en Perú son alentadoras, los desafíos persisten y requieren atención. La Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2024 revela que un 67,4% de los bebés menores de seis meses en Perú reciben lactancia materna. Sin embargo, esta cifra esconde realidades complejas que merecen un análisis más profundo.

Karen Padilla, obstetra especialista en lactancia materna y fundadora de Amamanta, el primer centro especializado en esta área, identifica varios desafíos comunes que las madres enfrentan al iniciar la lactancia. Entre ellos, el dolor y las grietas en los pezones son una preocupación recurrente. Padilla enfatiza que el dolor no debe ser normalizado; por el contrario, debe ser interpretado como una señal de alerta sobre una posible mala técnica de amamantamiento. La solución radica en asegurar un agarre correcto, donde el bebé abarque no solo el pezón sino también una porción significativa de la areola. Medidas como mantener la zona limpia y aplicar la propia leche materna pueden aliviar las molestias y favorecer la cicatrización.

Otro obstáculo frecuente es la percepción de baja producción de leche. La incertidumbre sobre si el bebé se alimenta adecuadamente es común, especialmente ante el llanto o la sensación de que no se “llena”. No obstante, Padilla subraya que la mayoría de las veces la producción es suficiente, pero la falta de información genera dudas. La clave para estimular y mantener una producción láctea adecuada es amamantar con frecuencia, sin restricciones de horario, respondiendo a las señales del bebé.

La ingurgitación mamaria, caracterizada por senos duros, pesados y calientes, es otro desafío que puede presentarse durante la “bajada” de la leche, generalmente entre el tercer y quinto día postparto. Si no se alivia a tiempo, esta acumulación puede causar dolor intenso y dificultar el agarre del bebé. La recomendación es amamantar frecuentemente, cada dos o tres horas, incluso durante la noche, y aplicar compresas frías después de las tomas para reducir la inflamación.

La mastitis, una inflamación del tejido mamario, representa una complicación más seria. Puede manifestarse inicialmente como una molestia leve que rápidamente progresa a fiebre, dolor intenso y fatiga. Ante la presencia de una zona dura, roja o caliente en el pecho, acompañada de malestar general o fiebre, es fundamental buscar atención médica inmediata. Continuar amamantando del lado afectado es crucial, ya que el vaciado del pecho ayuda a aliviar la inflamación y prevenir complicaciones.

Finalmente, las dificultades en el enganche del bebé son un desafío que requiere paciencia y apoyo. Factores como el nacimiento prematuro, el frenillo sublingual corto o la separación madre-bebé después del parto pueden dificultar el proceso. Iniciar la lactancia lo antes posible después del parto y fomentar el contacto piel con piel son estrategias clave para favorecer el reflejo de búsqueda y succión.