¿Interior o exterior? Cómo decidir dónde correr según tu cuerpo y vida diaria

La creciente popularidad del *running* ha transformado esta actividad en un pilar fundamental para quienes buscan bienestar y superación personal. Correr, ya sea al amanecer o al caer la tarde, se ha convertido en una práctica habitual para miles de personas en todo el mundo. Esta tendencia se alinea con un enfoque más consciente hacia la salud, donde el ejercicio físico se percibe no solo como un medio para mantenerse en forma, sino también como una herramienta para despejar la mente y mejorar el estado de ánimo general. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la actividad física regular, como correr, reduce el riesgo de enfermedades no transmisibles, incluyendo enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer, y además mejora la salud mental y el bienestar.

Según la investigación publicada por El Comercio, el debate sobre si es mejor correr en una cinta o al aire libre persiste entre corredores de todos los niveles. La elección no es tan sencilla como optar por la comodidad del gimnasio o la frescura del parque. Una variedad de factores, desde el impacto en las articulaciones hasta la motivación y el rendimiento, entran en juego. Es importante destacar que, según un estudio de la Universidad de Harvard, el impacto en las articulaciones al correr puede variar significativamente dependiendo de la superficie y la técnica del corredor.

Las diferencias entre correr en cinta y al aire libre son significativas desde una perspectiva fisiológica y técnica. Correr al aire libre implica un mayor esfuerzo físico debido a la resistencia del aire y las variaciones del terreno, lo que obliga al cuerpo a trabajar más para mantener el ritmo. Condiciones climáticas como la lluvia o la humedad pueden influir en el rendimiento y aumentar la percepción del esfuerzo. Por otro lado, la cinta ofrece un terreno uniforme y predecible, permitiendo un mayor control del entrenamiento. Sin embargo, para simular el entorno exterior, se suele recomendar una inclinación del 1% en la cinta. Esto ayuda a compensar la falta de resistencia del aire y a activar los mismos grupos musculares que se utilizan al correr al aire libre.

En cuanto a la técnica de carrera, la cinta permite un movimiento más controlado, facilitando el mantenimiento de una postura erguida y un paso regular. No obstante, es común cometer errores como dar pasos demasiado largos o inclinar el cuerpo hacia adelante por fatiga, lo que puede aumentar el riesgo de lesiones. Correr al aire libre exige una mayor capacidad de adaptación, ya que el terreno suele ser irregular y está sujeto a cambios. El corredor debe ajustar constantemente su zancada y ritmo, lo que demanda más esfuerzo físico y atención. Además, la exposición a superficies duras como el pavimento puede provocar lesiones si no se toman las precauciones adecuadas. Un estudio publicado en el “Journal of Biomechanics” destaca la importancia de una técnica de carrera adecuada para minimizar el riesgo de lesiones, independientemente de la superficie en la que se corra.

La seguridad es otro factor importante a considerar. Correr al aire libre implica ciertos riesgos, como el tráfico, la presencia de animales o personas desconocidas, y las condiciones climáticas adversas. Es necesario planificar la ruta con anticipación y llevar elementos de seguridad como luces o bandas reflectivas. La cinta ofrece mayor comodidad y continuidad en la rutina, al eliminar factores externos y crear una sensación de seguridad personal. Además, la cercanía de servicios como agua, baños y asistencia inmediata en caso de emergencia hacen que correr en cinta sea una opción práctica y segura.

Ambas modalidades ofrecen beneficios físicos y mentales. Correr mejora la capacidad cardiovascular, aumenta la masa muscular, ayuda a prevenir la obesidad y la diabetes, mejora los niveles de colesterol, favorece un mejor descanso y estimula el metabolismo. Correr al aire libre, especialmente con variaciones naturales como cuestas o viento, suele generar un mayor gasto calórico y exigir más cardiovascularmente. A nivel de salud mental, correr ayuda a reducir el estrés, mejorar la autoestima, promover la estabilidad emocional y prevenir el deterioro cognitivo. Correr en parques o en el campo disminuye significativamente la ansiedad y la depresión gracias a la exposición a espacios verdes y al aire fresco.

El impacto que recibe el cuerpo al correr varía según el tipo de superficie. Correr genera un impacto en las articulaciones equivalente a dos o tres veces el peso corporal en cada zancada. Este impacto se incrementa en personas con sobrepeso. Correr en superficies duras como el asfalto aumenta el riesgo de lesiones debido al impacto constante sobre las articulaciones. La cinta, al contar con una superficie más amortiguada, resulta más “noble” para las articulaciones. Sin embargo, su uso prolongado y repetitivo también puede derivar en lesiones por sobreuso. Una investigación de la Sociedad Española de Reumatología subraya la importancia de elegir el calzado adecuado y de mantener un peso saludable para minimizar el impacto en las articulaciones al correr.

Combinar el entrenamiento en cinta y al aire libre permite aprovechar lo mejor de cada modalidad. La cinta puede utilizarse en días de mal clima o para controlar con mayor precisión la velocidad e intensidad del ejercicio. Correr al aire libre favorece el desarrollo del rendimiento físico y mejora aspectos como la técnica y la resistencia en distancias más largas. Alternar ambos entornos contribuye a mantener la motivación, evitar la monotonía y prevenir lesiones. Se recomienda iniciar el proceso de manera gradual, priorizando la cinta en los primeros meses e incorporando progresivamente la carrera al aire libre.