El territorio peruano, caracterizado por su alta sismicidad, es constantemente monitoreado por el Instituto Geofísico del Perú (IGP). Esta vigilancia permanente se debe a la ubicación del país en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una zona de convergencia de placas tectónicas que genera frecuentes movimientos telúricos. Esta condición exige una preparación constante por parte de la población y las autoridades ante posibles desastres naturales. El IGP, en colaboración con otras instituciones, juega un rol crucial en la difusión de información precisa y oportuna sobre los eventos sísmicos.
Según la investigación publicada por El Comercio, el IGP, a través de su Centro Sismológico Nacional (CENSIS), proporciona información vital sobre la actividad sísmica en el país, utilizando datos recopilados por la Red Sísmica Nacional.
El CENSIS, basándose en la información de su red de sensores distribuidos a nivel nacional, emite reportes detallados sobre cada sismo registrado. Estos informes incluyen la fecha y hora exacta del evento, su magnitud en la escala de Richter, la profundidad del hipocentro, las coordenadas geográficas del epicentro y la intensidad percibida en las zonas cercanas, medida en la escala de Mercalli Modificada. Un ejemplo de estos reportes incluye un sismo de magnitud 3.6 ocurrido el 22 de abril de 2025, a las 05:44:39 hora local, con epicentro a 15 km al NE de Máncora, Talara – Piura y una profundidad de 26 km, que generó una intensidad de II-III en Máncora.
Asimismo, el 19 de abril de 2025 se registraron dos sismos adicionales. El primero, a las 06:56:12, tuvo una magnitud de 5.3, una profundidad de 141 km, con epicentro a 28 km al SO de Tingo María, Leoncio Prado – Huánuco, y una intensidad de III-IV en Tingo María. El segundo, a las 18:30:13, alcanzó una magnitud de 4.1, con una profundidad de 94 km, un epicentro a 26 km al NE de Chala, Caravelí – Arequipa, e intensidad II-III en Chala. Estos datos son esenciales para evaluar el riesgo sísmico y tomar medidas preventivas adecuadas.
La preocupación por la acumulación de energía sísmica en el sur del país, mencionada en los informes del IGP, ha impulsado la realización de simulacros a nivel nacional en 2024. Estas iniciativas, coordinadas con el INDECI (Instituto Nacional de Defensa Civil), buscan fomentar una cultura de prevención y preparar a la población para afrontar un posible sismo de gran magnitud. El país ha experimentado terremotos devastadores a lo largo de su historia, como el terremoto de Áncash de 1970 y el de Pisco en 2007, subrayando la importancia de la preparación.
En este contexto, el INDECI recomienda a cada familia contar con una mochila de emergencia equipada con elementos esenciales para la supervivencia durante las primeras horas después de un sismo. Esta mochila debe incluir artículos de higiene personal, alimentos no perecibles, ropa de abrigo, medicamentos básicos, documentos de identificación, y dispositivos de comunicación como una radio a pilas y una linterna. La preparación individual y familiar es fundamental para reducir el impacto de un desastre natural.




