La demencia, una enfermedad neurodegenerativa progresiva, plantea desafíos inimaginables tanto para quienes la padecen como para sus familias. Uno de los aspectos más dolorosos y desorientadores es la pérdida de reconocimiento, incluso de los seres queridos más cercanos, a medida que la enfermedad avanza.
Según la investigación publicada por The New York Times, este fenómeno puede desencadenar una profunda crisis existencial en los familiares, quienes se enfrentan a la desgarradora realidad de que la persona que aman ya no los reconoce.
El reportaje relata la experiencia de Sara Stewart, cuyo encuentro con la demencia de su madre, Barbara Cole, ejemplifica esta dolorosa situación. En 2014, durante una visita a su madre en Bar Harbor, Maine, Sara se encontró con la pregunta que ninguna hija desea escuchar: «¿De dónde nos conocemos? ¿Fue de la escuela?». Barbara, de 86 años, había comenzado a mostrar signos de demencia unos años antes, posiblemente a causa de una serie de pequeños accidentes cerebrovasculares.
Sara, abogada de profesión, luchaba por mantener a su madre en la comodidad de su hogar, la casa que había construido junto a su difunto esposo tres décadas atrás. Para ello, contaba con el apoyo de un equipo de cuidadores: una empleada doméstica, visitas familiares regulares, un vecino atento y un servicio de entrega de comidas. A pesar de los desafíos, Barbara parecía mantenerse animada y conversadora, hasta ese fatídico día.
La pregunta de su madre resonó profundamente en Sara, quien sintió como si le hubieran dado una patada. La idea de que su madre la olvidara, antes de que ella misma falleciera, era una dolorosa inversión del orden natural de las cosas. Este tipo de experiencia, donde un familiar ya no puede identificar a sus seres queridos, es un golpe devastador para la identidad y el sentido de conexión.
Este tipo de situaciones pone de relieve la importancia de brindar apoyo emocional y psicológico a los familiares de personas con demencia. La pérdida de reconocimiento es una de las manifestaciones más dolorosas de la enfermedad, y comprenderla y afrontarla requiere de paciencia, compasión y recursos adecuados. Las organizaciones especializadas y los profesionales de la salud pueden ofrecer orientación y herramientas para ayudar a las familias a navegar por este difícil camino.




