En un contexto marcado por la reciente transición política en Siria, la Resurrección, un evento central en la fe cristiana, adquirió un significado particular este año, especialmente para las comunidades cristianas del país. La metáfora de la resurrección se ha vuelto un símbolo poderoso, en un país que intenta levantarse tras décadas de régimen autoritario y conflicto. Esta Semana Santa se celebró bajo la atenta mirada de un nuevo liderazgo, marcando un período de incertidumbre y esperanza para las minorías religiosas.
Según la investigación publicada por The New York Times, en una de las iglesias cristianas más emblemáticas de Damasco, la catedral greco-católica melquita de Al Zeitoun, el obispo aprovechó su sermón de Pascua para comparar la Resurrección de Jesús con la de Siria.
La comparación, como señala el reportaje, es directa: apenas cinco meses antes, las fuerzas rebeldes sirias derrocaron al presidente Bashar al-Assad, poniendo fin a un gobierno de medio siglo de la familia Assad, caracterizado por su brutalidad. La «nueva» Siria, la Siria liberada, está todavía en proceso de consolidación. Este evento ha provocado un reajuste en las dinámicas de poder y la estructura social del país.
Sin embargo, el futuro de esta nación es incierto. Mientras que muchos musulmanes suníes han recibido con beneplácito a los nuevos líderes del país, que defienden una interpretación conservadora del Islam, las minorías religiosas, que se sentían protegidas o empoderadas bajo el gobierno de Assad, han recibido el cambio con inquietud. Hay que recordar que Assad, aunque laico, cultivó el apoyo de las minorías como un contrapeso a la mayoría suní.
Por lo tanto, la Pascua representó una prueba para los cristianos sirios, históricamente objeto de persecución. ¿Cómo gestionaría una de las festividades más importantes del cristianismo el nuevo gobierno liderado por el presidente Ahmed al-Shara, un antiguo miembro de Al Qaeda que afirma haberse moderado y ha prometido inclusión y tolerancia? Al-Shara llegó al poder prometiendo reformas y un gobierno más representativo, pero su pasado genera desconfianza entre algunos sectores de la sociedad, incluyendo a las minorías religiosas.
¿Se desarrollaría la festividad con la misma paz que bajo el mandato de Assad, quien buscó el apoyo de las minorías con su perspectiva secular? El gobierno de Assad, aunque autoritario, ofrecía cierta estabilidad y protección a las minorías a cambio de lealtad. Este equilibrio se ha roto, y la incertidumbre sobre el futuro de estas comunidades es palpable.
La situación en Siria es compleja y delicada. La transición política, la influencia de actores externos, y las tensiones religiosas internas, hacen que el futuro del país sea incierto. La celebración de la Pascua, en este contexto, se convierte en un símbolo de esperanza y resistencia para la comunidad cristiana siria.




