EEUU e Irán finalizan segundo ciclo de diálogo nuclear

Las negociaciones nucleares entre Irán y Estados Unidos han retomado un nuevo impulso, con una segunda ronda de conversaciones diplomáticas concluidas este sábado en Roma, evidenciando un posible cambio en la estrategia de la administración Trump. La persistente crisis económica en Irán, exacerbada por las sanciones estadounidenses, podría ser un factor determinante en la disposición de Teherán a dialogar. En el centro del debate se encuentra la cuestión crucial del enriquecimiento de uranio, piedra angular del programa nuclear iraní.

Según la investigación publicada por The New York Times, las conversaciones han establecido una agenda para negociaciones rápidas, aunque con un matiz significativo: los funcionarios iraníes insisten en que no se requerirá el desmantelamiento completo de su infraestructura nuclear.

Abbas Araghchi, ministro de Relaciones Exteriores iraní, tras reunirse con Steve Witkoff, enviado del presidente Trump, anunció que un grupo de expertos se reunirá próximamente para abordar detalles técnicos. Estos detalles incluyen la fijación de límites máximos para el enriquecimiento de uranio, el tamaño de las reservas nucleares permitidas y los mecanismos de monitoreo y verificación del cumplimiento de cualquier acuerdo que se alcance. La Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) juega un papel crucial en la verificación de estas actividades.

La postura inicial de la administración Trump exigía el “desmantelamiento total” de las principales instalaciones nucleares y los arsenales de misiles de largo alcance de Irán, tal como lo expresó Michael Waltz, asesor de seguridad nacional de Trump. Sin embargo, la descripción de las futuras negociaciones sugiere una posible flexibilización de esta demanda. Esta aparente concesión se produce en un contexto de crecientes tensiones regionales, con incidentes recientes que involucran a petroleros en el Golfo Pérsico y ataques a instalaciones petroleras en Arabia Saudita, lo que subraya la necesidad de una solución diplomática.

La división entre los asesores de Trump sobre si permitir que Irán conserve la capacidad de producir combustible nuclear, con el consiguiente riesgo de que lo utilice para fabricar una bomba, es evidente. Estas divergencias han salido a la luz pública en los últimos días, justo cuando Witkoff se preparaba para las conversaciones celebradas en la residencia del embajador de Omán en Roma. Omán actúa como mediador en estas delicadas negociaciones. Cabe recordar que el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), firmado en 2015, buscaba precisamente limitar el programa nuclear iraní a cambio del levantamiento de sanciones.

Los “halcones” de Irán en la administración, liderados por Waltz y el secretario de Estado Marco Rubio, argumentan que es demasiado arriesgado permitir que Irán conserve la capacidad de producir su propio combustible nuclear. Insisten en que una política de máxima presión es la única vía para garantizar que Irán no desarrolle armas nucleares. Por otro lado, voces más pragmáticas dentro del gobierno estadounidense abogan por un enfoque más flexible, reconociendo que un acuerdo limitado podría ser preferible a la ausencia de cualquier acuerdo.

Al aceptar límites sobre la cantidad de uranio que Irán puede poseer y el nivel de enriquecimiento permitido, Trump se expone a las críticas de quienes ven en esta estrategia una mera réplica de elementos clave del acuerdo nuclear de 2015, que él mismo calificó de “desastre” y que abandonó en 2018. La reapertura del diálogo, no obstante, podría interpretarse como un reconocimiento implícito de la necesidad de un acuerdo, aunque con modificaciones que satisfagan las preocupaciones de la administración estadounidense.