Fallece a los 72 años Mike Wood creador de los juguetes LeapFrog que educaron a una generación.

La innovación, a menudo, surge de la necesidad personal. Mike Wood, un joven padre, se encontró con un desafío que transformaría la industria del juguete: la dificultad de su hijo pequeño para aprender a leer. Este obstáculo lo impulsó a crear uno de los juguetes más emblemáticos de su generación.

Según la investigación publicada por The New York Times, Wood, abogado en San Francisco, experimentó la preocupación de un padre primerizo al notar que su hijo Mat, de tres años, conocía las letras pero no lograba identificar sus sonidos. Ante el temor de que esta dificultad temprana impactara negativamente en su desarrollo educativo, Wood decidió tomar cartas en el asunto. En aquel entonces, finales de los años 90, la conciencia sobre la importancia de la lectoescritura temprana comenzaba a ganar terreno en los círculos educativos y familiares.

En su tiempo libre, Wood se dedicó a diseñar un prototipo de juguete electrónico. La idea era simple pero efectiva: un dispositivo que emitiera el sonido correspondiente al apretar letras de plástico. Se inspiró en las tarjetas de felicitación musicales que reproducían melodías al abrirse, adaptando esa tecnología para un propósito educativo.

El siguiente paso fue la creación de LeapFrog Enterprises. En 1999, la compañía lanzó el LeapPad, una tableta infantil que funcionaba como un libro parlante. Este dispositivo interactivo ofrecía una nueva forma de aprendizaje, combinando la lectura con el sonido y el tacto.

El LeapPad se convirtió en un éxito arrollador, consagrándose como el juguete más vendido durante la temporada navideña del año 2000. Este logro catapultó a LeapFrog a la cima de la industria, convirtiéndose en una de las empresas de juguetes de mayor crecimiento en la historia. Su rápido ascenso coincidió con una época de auge en el mercado de juguetes educativos, impulsado por la creciente demanda de productos que estimularan el aprendizaje temprano.

La visión de Wood transformó el panorama del aprendizaje infantil, demostrando que la creatividad y la tecnología podían unirse para superar los desafíos educativos. Su legado perdura en la memoria de padres y educadores que vieron en LeapFrog una herramienta valiosa para el desarrollo de los más pequeños.