La incertidumbre en el ámbito del comercio internacional vuelve a golpear los mercados financieros, evidenciándose en el comportamiento reciente de la Bolsa de Nueva York. Las restricciones impuestas a la exportación de chips, afectando directamente a la empresa Nvidia, se suman a la ya tensa situación generada por la guerra comercial liderada por Washington, contribuyendo a un clima de cautela entre los inversores.
Según la investigación publicada por El Comercio, la jornada bursátil del miércoles se vio marcada por un retroceso generalizado en los principales indicadores, reflejando la preocupación latente en Wall Street.
En los primeros compases de la sesión, el Dow Jones experimentó una caída del 0,35%, mientras que el sector tecnológico, representado por el Nasdaq, sufrió un revés más pronunciado, con un descenso del 1,92%. El índice S&P 500, que abarca un espectro más amplio de empresas, también se vio afectado, retrocediendo un 1,01%. Estos movimientos iniciales anticipaban una jornada compleja para los mercados.
La jornada anterior, el martes, también había concluido con resultados negativos, con el Dow Jones perdiendo un 0,4%, el Nasdaq prácticamente estancado (-0,1%) y el S&P 500 cediendo un 0,2%. Esta tendencia a la baja sugiere una consolidación de la cautela entre los inversores, quienes parecen estar a la espera de señales más claras en el frente comercial y geopolítico. La volatilidad experimentada en sesiones recientes contribuye a esta postura conservadora.
Un factor que agrava la situación es la amenaza de la Unión Europea de imponer aranceles de represalia a productos estadounidenses, incluyendo artículos de consumo como cigarros y papel higiénico. Esta potencial escalada en las tensiones comerciales transatlánticas añade una capa adicional de incertidumbre al panorama económico global. Recordemos que la UE ha sido un socio comercial clave para EE.UU. durante décadas, y una confrontación arancelaria podría tener consecuencias significativas para ambos bloques.
Además, las expectativas de los consumidores estadounidenses sobre un aumento de precios, impulsado precisamente por los aranceles, podrían impactar negativamente en el gasto y, por ende, en el crecimiento económico. La confianza del consumidor es un indicador clave de la salud económica, y cualquier deterioro en este ámbito podría tener efectos amplios en la economía estadounidense.




