La obesidad, considerada una epidemia global, ha generado un mercado farmacéutico en auge. La reciente decisión de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) de frenar la venta de versiones genéricas de medicamentos para la pérdida de peso, producidas mediante el proceso de compounding, podría tener consecuencias significativas para cientos de miles de estadounidenses que buscan opciones más asequibles para tratar esta condición. Esta medida regulatoria surge en un contexto donde el acceso a tratamientos innovadores se ve limitado por los altos costos y las restricciones de cobertura de los seguros médicos.
Según la investigación publicada por The New York Times, la FDA ha ordenado a los productores y vendedores de estas alternativas más económicas que cesen sus operaciones en las próximas semanas, argumentando que ya no existen problemas de suministro de los fármacos de marca Wegovy y Zepbound.
La práctica del compounding, que implica la mezcla de ingredientes para crear medicamentos personalizados, ha dado lugar a una industria multimillonaria. Pacientes que no pueden costear los medicamentos originales, cuyos precios pueden superar los 1300 dólares mensuales sin seguro, recurren a estas alternativas, que en algunos casos se consiguen por menos de 200 dólares al mes. Este acceso a opciones más asequibles se ve ahora amenazado por la intervención de la FDA.
La orden de la FDA establece plazos específicos para el cese de la producción y venta de estas versiones genéricas. Los pequeños laboratorios de compounding tienen hasta el 22 de abril para dejar de fabricar y vender versiones de Wegovy, de Novo Nordisk, mientras que los laboratorios más grandes tienen hasta el 22 de mayo. La orden de cese para las versiones de Zepbound, de Eli Lilly, ya entró en vigor el mes pasado.
Tanto Eli Lilly como Novo Nordisk ofrecen ahora sus medicamentos de marca por aproximadamente 500 dólares al mes para aquellos pacientes que pagan de su propio bolsillo, sin intervención del seguro médico. Este precio representa una reducción significativa con respecto a los costos anteriores, pero sigue siendo considerablemente más alto que el de las alternativas compounded.
La implementación de estas medidas presenta desafíos. Aún no está claro cómo la FDA planea hacer cumplir estos plazos, y el Departamento de Salud y Servicios Humanos, que supervisa a la FDA, declinó responder preguntas al respecto. La incertidumbre sobre la aplicación de la normativa genera preocupación entre los pacientes y los profesionales de la salud que dependen de estas opciones más económicas.
Esta decisión de la FDA se produce en un momento de creciente preocupación por la obesidad y sus comorbilidades, como la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares. El acceso equitativo a tratamientos efectivos es crucial para abordar esta crisis de salud pública, y la restricción de opciones asequibles podría exacerbar las disparidades en el acceso a la atención médica.




