Casi al final de sus periodos, las autoridades regionales y locales parecen haberse dado cuenta de una verdad que la ciudadanía conoce desde hace mucho tiempo: Huánuco ha sido, y sigue siendo, una región profundamente olvidada por el Estado en todos sus niveles.
El pasado 14 de abril, en una reunión de alto nivel con la participación de autoridades regionales, provinciales y distritales, se abordaron los graves problemas que enfrenta la región. Con especial énfasis, se discutió el abandono en infraestructura vial, la falta de ejecución presupuestal y la ausencia de una gestión eficiente para promover el desarrollo.
Lo paradójico —y lamentable— es que fueron las mismas autoridades responsables del actual estado de Huánuco quienes encabezaron este diagnóstico tardío. Durante años, han mantenido maquinarias paralizadas, han dejado deteriorarse las vías de comunicación y han fallado en utilizar los recursos públicos en beneficio de la población. Mientras la región sufre, ellos han permanecido inmóviles, atrapados entre la incapacidad de gestión y el desinterés político.
En esta reunión, destacó la intervención valiente de la congresista Edith Medina, quien alzó la voz sin titubeos para denunciar que Huánuco atraviesa “la peor época de su historia”. Y no le falta razón. Hoy la región enfrenta una crisis institucional donde, desde la Presidencia de la República hasta los municipios distritales, se observa una cadena de autoridades que han incumplido sus promesas y han traicionado la esperanza de sus electores.
A esto se suma la ausencia de parlamentarios activos —algunos simplemente desaparecieron del escenario político— y el regreso de viejos rostros con aspiraciones de reelección. Casos como el del exgobernador Luis Picón, cuyo entorno está implicado en denuncias por presunto uso indebido de recursos públicos, evidencian cómo el poder sigue siendo utilizado para beneficio personal, dejando a la región estancada.
La ciudadanía de Huánuco no merece más excusas ni más promesas vacías. Merece obras, merece acción, merece respeto. Y también debe despertar políticamente, exigir resultados y castigar con el voto a quienes han demostrado ser parte del problema.




