La intensificación de la guerra comercial con China representa una amenaza inminente para el sector agrícola estadounidense, particularmente para los productores de soja. El incremento arancelario del 145% impuesto por la administración Trump sobre productos chinos genera una seria preocupación sobre la viabilidad económica de numerosas explotaciones agrarias.
Según la investigación publicada por The New York Times, la imposición de aranceles punitivos por parte de la administración Trump ha provocado una dura respuesta por parte del gobierno chino, poniendo en jaque la prosperidad de los agricultores estadounidenses.
Tras la presentación por parte de China de aranceles de represalia sobre las exportaciones americanas, el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, respondió con un lacónico “¿Y qué?”, reflejando la postura de la administración Trump que considera que Estados Unidos tiene la ventaja en esta disputa comercial. Esta visión se basa en la dependencia de la economía china de las exportaciones al mercado estadounidense, donde el volumen de compra de bienes estadounidenses es significativamente inferior al de bienes chinos comprados por Estados Unidos.
Sin embargo, la decisión de Pekín de contrarrestar los aranceles de Trump con un aumento en los gravámenes a las importaciones estadounidenses hasta el 84% podría tener un impacto más significativo de lo que sugiere el Secretario Bessent. Esta medida pone en riesgo la capacidad de las empresas estadounidenses de mantener sus ventas a China, un mercado donde han operado con notable éxito hasta el momento.
Sean Stein, presidente del U.S.-China Business Council, advirtió que la escalada arancelaria impactará negativamente en diversos sectores, desde la aviación hasta la imagenología médica, pasando por la agricultura. La imposición de aranceles en ambos lados afectará sensiblemente al comercio bilateral, provocando una ralentización de las operaciones.
Datos del Office of the United States Trade Representative revelan que, el año anterior, Estados Unidos exportó bienes a China por valor de 143.500 millones de dólares, mientras que importó productos chinos por un valor de 438.900 millones de dólares. Este desequilibrio comercial, aunque favorable a Estados Unidos en términos de importaciones, se ve amenazado por las represalias chinas.
La guerra comercial se intensifica en un contexto de creciente tensión geopolítica entre Estados Unidos y China. La administración Trump ha justificado los aranceles como una herramienta para proteger empleos estadounidenses y reducir el déficit comercial. Sin embargo, muchos analistas temen que esta estrategia pueda perjudicar a la economía global y dañar las relaciones internacionales. La situación actual recuerda a episodios similares del pasado, como la “Ley Smoot-Hawley” de 1930, que exacerbó la Gran Depresión.




