La visita del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a Hungría ha resaltado las tensiones existentes en el panorama geopolítico actual, especialmente en lo que respecta a la justicia internacional. En un momento en que las posibilidades de Netanyahu para viajar sin riesgo de arresto son limitadas, debido a la orden emitida por la Corte Penal Internacional (CPI), la invitación de Viktor Orban cobra aún mayor relevancia. Cabe recordar que la CPI, con sede en La Haya, es un tribunal de última instancia que juzga crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad, genocidio y agresión.
Según la investigación publicada por The New York Times, la recepción con honores ofrecida por Hungría a Netanyahu, poco después de que la CPI emitiera una orden de arresto en su contra por supuestos crímenes cometidos en la Franja de Gaza, es un evento digno de análisis. La rapidez con la que Orban extendió la invitación, y el anuncio del retiro húngaro de la CPI justo tras la llegada de Netanyahu, sugieren una fuerte declaración política.
La dinámica entre Orban, Netanyahu y, según los analistas, Donald Trump, se centra en su aversión compartida hacia la CPI. Este tribunal, concebido como un mecanismo para hacer cumplir los derechos humanos a nivel global, enfrenta el rechazo de líderes que priorizan la soberanía nacional y se muestran escépticos ante instituciones supranacionales. La CPI ha enfrentado críticas por su enfoque selectivo, centrándose mayoritariamente en África en sus primeros años, aunque recientemente ha ampliado su alcance a situaciones en otros continentes.
La actitud de Hungría sirve como una señal al mundo: Orban demuestra que su país actúa con autonomía y no se siente obligado por las directrices de la Unión Europea. A su vez, este gesto podría interpretarse como una apertura hacia potencias como China y Rusia, buscando diversificar sus alianzas estratégicas y económicas. La política de «Hungría Primero» también resuena con su base electoral, reforzando su imagen de líder que defiende los intereses nacionales por encima de las normas internacionales.
En un contexto de incertidumbre global, donde las instituciones internacionales parecen debilitarse y no hay un nuevo orden establecido de forma clara, Hungría explora los límites de lo permitido. Esta acción desafía las normas y convenciones internacionales, poniendo a prueba la cohesión y la efectividad de las organizaciones multilaterales. La decisión húngara también llega en un momento en que varios países han cuestionado la legitimidad y la imparcialidad de la CPI, argumentando que puede ser utilizada como herramienta política.
El desafío a la autoridad de la CPI por parte de Hungría, junto con el apoyo implícito a Netanyahu, pone de manifiesto las crecientes divisiones en la comunidad internacional sobre la aplicación del derecho internacional y la rendición de cuentas por crímenes de guerra. Esta situación plantea interrogantes sobre el futuro de la justicia global y la capacidad de las instituciones para mantener la paz y la seguridad en un mundo cada vez más polarizado. La reciente incorporación de Palestina como Estado miembro de la CPI, en 2015, también ha influido en la percepción de algunos países sobre la imparcialidad del tribunal.




