La reciente escalada en la Franja de Gaza ha llevado al Primer Ministro Benjamin Netanyahu a anunciar la ocupación de una franja de territorio, una acción que ocurre poco después de que su gobierno presentara planes para la toma de control de amplias zonas del enclave. Esta medida se produce en un contexto de creciente presión internacional y regional, marcado por el estancamiento de las negociaciones para un alto el fuego duradero y la liberación de los rehenes israelíes retenidos por Hamas y otros grupos armados desde el 7 de octubre de 2023. Recordemos que la retirada israelí de los asentamientos en Gaza en 2005, bajo el Plan de Desconexión, buscaba precisamente una solución de dos estados, ahora aparentemente puesta en entredicho.
Según la investigación publicada por The New York Times, el anuncio de Netanyahu intensifica el tono de las declaraciones de altos funcionarios israelíes, quienes han sugerido un cambio de táctica para mantener el control territorial en Gaza, al menos temporalmente, con el objetivo de forzar a Hamas a liberar a los rehenes restantes. Dichos funcionarios también han expresado una visión para la posguerra en Gaza que implicaría el desplazamiento de palestinos a otras áreas, una idea que ha sido enérgicamente rechazada por gran parte de la comunidad internacional y que contradice resoluciones de la ONU sobre el derecho al retorno de los refugiados.
Netanyahu justificó la retención de territorio como una medida para presionar a Hamas a devolver al menos a los 59 rehenes que aún permanecen cautivos. En una declaración filmada, afirmó que «la presión aumentará hasta que los entreguen». Esta estrategia marca un giro respecto a las operaciones militares previas, donde las fuerzas israelíes realizaban incursiones en ciudades gazatíes antes de retirarse, dejando tras de sí una devastación considerable que permitía a los militantes palestinos reagruparse. Esta táctica, que ha sido criticada por organizaciones de derechos humanos, no ha logrado los objetivos declarados de seguridad.
Tras una tregua de enero, precedida por una campaña militar de 15 meses, muchos gazatíes regresaron a sus hogares, pero Israel reanudó sus ataques a mediados de marzo. Ahora, el ejército parece estar planeando estacionar fuerzas en el territorio capturado de manera más permanente. Esta estrategia plantea serias dudas sobre el futuro de la Franja de Gaza y la viabilidad de una solución política al conflicto. La situación humanitaria en Gaza, ya de por sí precaria, podría deteriorarse aún más con la imposición de zonas de seguridad.
El Ministro de Defensa, Israel Katz, declaró el miércoles que las áreas recién capturadas se «añadirán a las zonas de seguridad» que el ejército mantiene actualmente en Gaza, incluyendo una zona de amortiguamiento a lo largo de las fronteras del enclave con Egipto e Israel, así como gran parte de una carretera clave en el centro del territorio. Esta expansión de las zonas de seguridad podría implicar el desplazamiento forzoso de aún más civiles palestinos, exacerbando la crisis humanitaria en la región y complicando los esfuerzos de reconstrucción.
Netanyahu anunció la creación de un corredor de seguridad, sugiriendo que cortaría la ciudad sureña de Rafah del resto de la Franja. El denominado Corredor Morag, al parecer, toma su nombre de un antiguo asentamiento israelí en el sur de Gaza, del que Israel se retiró en 2005. La reapropiación de nombres de antiguos asentamientos, aunque sea simbólica, tiene un fuerte significado político y puede ser interpretada como una señal de que Israel no descarta la posibilidad de reasentar a colonos en la Franja de Gaza en el futuro.




