La fragilidad de la calma en Gaza, incluso tras breves treguas, quedó nuevamente expuesta con el recrudecimiento de los ataques aéreos israelíes a partir del 18 de marzo, poniendo fin a dos meses de cese al fuego. Este periodo, aunque breve, había permitido a algunas familias, como la de Huda Abu Teir, albergar la esperanza de un retorno a la normalidad, un anhelo truncado por la renovada escalada del conflicto. La continua inestabilidad en la región ha generado múltiples desplazamientos forzados de la población civil, buscando refugio en precarias condiciones.
Según la investigación publicada por The New York Times, la familia de Huda Abu Teir, tras soportar quince meses de guerra y seis o siete desplazamientos, desde su hogar hasta refugios improvisados y campamentos, había regresado recientemente a su casa en Abasan al-Kabira, en el sureste de Gaza, donde compartían la vivienda con los abuelos y tíos de Huda.
El breve retorno a la rutina trajo consigo momentos de alegría. Fatma al-Shawwaf, prima de Huda, de 20 años, relató cómo Huda, de 19, organizó una fiesta de pizza para sus primos. En medio de las celebraciones, las otras chicas la animaban a concentrarse en sus estudios, dado su deseo de convertirse en enfermera. Sin embargo, Huda respondía con una sonrisa que también le gustaba divertirse.
La aspiración de Huda de continuar sus estudios era una constante en su vida. La víspera de la reanudación de los ataques aéreos, Huda solicitó a su tío Nour, profesor de tecnología, ayuda para repasar el material de sus exámenes de bachillerato. Nour le prometió una sesión de estudio para la noche siguiente, un encuentro que nunca llegó a concretarse debido a los acontecimientos posteriores.
El horror se desató alrededor de la medianoche, cuando Abdullah, hermano de Huda, de 15 años, fue despertado por una explosión. “¿Qué fue eso?”, gritó a su padre, quien no tuvo tiempo de responder antes de que una nueva explosión sacudiera la casa, originándose sobre sus cabezas y bajo sus pies simultáneamente.
Es importante señalar que el conflicto actual ha provocado una grave crisis humanitaria en Gaza, con un número creciente de víctimas civiles y una infraestructura debilitada. El acceso a servicios básicos como agua, electricidad y atención médica es limitado, exacerbando las condiciones de vida de la población. El número de personas desplazadas internamente se ha incrementado significativamente, poniendo a prueba la capacidad de respuesta de las organizaciones humanitarias.
Las esperanzas de una solución pacífica al conflicto se ven socavadas por la persistencia de la violencia y la falta de avances en las negociaciones. La comunidad internacional ha instado a un cese al fuego inmediato y a la búsqueda de una solución política duradera que garantice la seguridad y el bienestar de todos los habitantes de la región. La situación en Gaza sigue siendo crítica y requiere una atención urgente.




