La familia Irving genera empleo en una provincia canadiense pero su influencia también genera controversia.

En una ciudad portuaria como Saint John, Nuevo Brunswick, caracterizada a menudo por la niebla atlántica, las inconfundibles columnas de vapor que emanan de la refinería de petróleo más grande de Canadá son un recordatorio constante del poderío de la industria petrolera en la región. La refinería, operada por Irving Oil, se erige como un símbolo de la economía local, pero también como un punto de debate sobre el impacto ambiental.

Según la investigación publicada por The New York Times, en una loma con vistas a la refinería, se alzan seis tanques de almacenamiento colosales, cada uno con capacidad para un millón de barriles de crudo. Las letras azul oscuro que deletrean “Irving” proclaman la omnipresencia de la familia, cuyo imperio empresarial no solo domina Saint John, sino gran parte de la provincia.

La influencia de Irving en Nuevo Brunswick se extiende mucho más allá de la refinación de petróleo. La familia, a través de sus diversas empresas, controla una vasta red de industrias y servicios. La economía de Nuevo Brunswick, históricamente dependiente de la industria maderera y la pesca, ha visto cómo la diversificación hacia sectores como la energía ha consolidado el poder económico de los Irving.

Una de las dos grandes fábricas de papel locales, también propiedad de Irving, se alza sobre el río Saint John, evocando la imagen de una fortaleza medieval. Esta planta, junto con otras instalaciones madereras, subraya la importancia del sector forestal en el entramado industrial de la familia. La gestión de los recursos naturales por parte de Irving ha sido objeto de escrutinio público, especialmente en lo que respecta a la sostenibilidad y el impacto en los ecosistemas locales.

Las vías férreas de Irving serpentean por la ciudad, conectando fábricas más pequeñas, también bajo su control, con puertos que gestionan. Esta infraestructura logística les permite controlar la cadena de suministro de diversos productos, desde la madera hasta los derivados del petróleo. La red de transporte, fundamental para la economía regional, está intrínsecamente ligada a los intereses empresariales de la familia Irving.

Las gasolineras y tiendas de materiales de construcción, todas pertenecientes a Irving, salpican las calles de esta ciudad de 78.000 habitantes, donde incluso los letreros de los parques agradecen las contribuciones de Irving para su mantenimiento. La presencia de la familia es tan arraigada que su filantropía, aunque valiosa, también refuerza su imagen como un actor indispensable en la vida cotidiana de los residentes.