La inminente imposición de aranceles globales por parte del presidente Trump ha generado una profunda división entre sus asesores, quienes debaten acaloradamente si el objetivo primordial de esta medida es incrementar los ingresos del Estado o, por el contrario, reducir las barreras comerciales extranjeras. Esta incertidumbre plantea interrogantes significativas sobre el futuro del comercio internacional y las relaciones económicas de Estados Unidos. Recordemos que en 2018, la administración Trump ya impuso aranceles al acero y aluminio importados, generando tensiones comerciales con socios clave.
Según la investigación publicada por The New York Times, el anuncio de estos aranceles, previsto para esta semana, busca corregir lo que el presidente Trump considera décadas de relaciones comerciales injustas y prácticas desleales por parte de otros países. El mandatario ha acuñado el término “Día de la Liberación” para referirse al 2 de abril, fecha en la que espera anunciar los detalles de su plan de aranceles recíprocos, marcando, según él, la liberación del país de acuerdos comerciales perjudiciales.
El presidente Trump ha descrito estos aranceles globales como una herramienta de negociación clave. Su objetivo sería presionar a otras naciones para que reduzcan sus propias barreras comerciales a los productos estadounidenses, lo que facilitaría un mayor flujo de bienes a través de las fronteras. Esta visión se alinea con la teoría de que la amenaza de aranceles puede ser un incentivo efectivo para la negociación comercial. Países como China, la Unión Europea y Canadá, los principales socios comerciales de EE.UU., podrían verse impactados significativamente.
Sin embargo, el presidente también ha manifestado que estos aranceles podrían servir para aumentar los ingresos del gobierno y fomentar el regreso de las cadenas de suministro a Estados Unidos. Para lograr estos objetivos, sería necesario imponer aranceles relativamente altos que no se reducirían fácilmente. Esta perspectiva contrasta con la visión de los aranceles como herramienta de negociación, generando confusión sobre la verdadera intención de la administración.
Estas metas contradictorias llegarán a un punto crítico esta semana, cuando se espera que el Sr. Trump revele los detalles de su plan de aranceles recíprocos. La decisión final recaerá en el presidente, como lo han demostrado acciones arancelarias recientes, que han sorprendido incluso a algunos de sus propios asesores y a la comunidad empresarial, como la imposición de gravámenes a las autopartes.
Actualmente, sus asesores están considerando diversas estrategias y bases legales, algunas más enfocadas en aumentar los ingresos y otras orientadas a la negociación y la apertura de los mercados globales, según fuentes familiarizadas con los planes. Algunas de estas propuestas podrían entrar en vigor de inmediato, mientras que otras requerirían más tiempo, pero estarían mejor protegidas contra impugnaciones legales. El debate interno refleja la complejidad de equilibrar los objetivos económicos y políticos en la política comercial.




