La imposición de aranceles como herramienta para repatriar la producción industrial a Estados Unidos, una de las promesas clave del expresidente Trump, vuelve a estar en el centro del debate. Su argumento principal es simple: al fabricar en suelo estadounidense, las empresas evitarían los gravámenes a la importación. Sin embargo, las recientes proyecciones de ingresos presentadas por su administración suscitan serias dudas sobre la viabilidad de este objetivo, especialmente en un contexto económico global complejo.
Según la investigación publicada por The New York Times, el plan de la administración Trump de financiar recortes de impuestos a la clase media con los ingresos procedentes de los aranceles podría generar una contradicción fundamental. La promesa de usar aranceles para fomentar el regreso de las fábricas al país choca con la necesidad de que los estadounidenses sigan comprando productos importados para generar los ingresos esperados.
Peter Navarro, ex asesor comercial de Trump, ha estimado que estos aranceles podrían recaudar alrededor de 6 billones de dólares en la próxima década, destinados a financiar una significativa rebaja fiscal para la clase media. No obstante, esta proyección implica que el costo de los aranceles recaería principalmente en los consumidores, lo que pondría en riesgo la competitividad de las empresas estadounidenses y podría desincentivar la relocalización de las cadenas de suministro.
Expertos en comercio internacional señalan que la estrategia de usar los aranceles como fuente de ingresos se contrapone directamente al objetivo de estimular la producción nacional. Para alcanzar los niveles de recaudación proyectados, el consumo de productos importados debería mantenerse elevado, lo cual diluye el efecto deseado de repatriación industrial. La situación se complica aún más si se considera que en 2024, las importaciones estadounidenses alcanzaron los 4 billones de dólares, lo que requeriría aranceles extremadamente altos para reemplazar los ingresos fiscales actuales, que rondan los 2 billones provenientes de impuestos sobre la renta individuales y corporativos.
Además, la administración Trump ha sugerido que el aumento de la producción de petróleo en Estados Unidos podría compensar el impacto de los aranceles en los precios. Esta propuesta busca reducir la dependencia de las importaciones energéticas y, supuestamente, bajar los precios de la gasolina. Sin embargo, economistas del Peterson Institute for International Economics han calculado que los ingresos arancelarios podrían alcanzar un máximo de 780 mil millones de dólares anuales con un arancel del 50% sobre todas las importaciones, para luego disminuir a medida que los consumidores reduzcan su consumo de productos importados.
Un análisis del Yale Budget Lab anticipa que los aranceles sobre automóviles podrían generar entre 600 y 650 mil millones de dólares entre 2026 y 2035. Sin embargo, esto tendría un impacto significativo en los precios de los vehículos, elevándolos en un 13.5% en promedio, lo que equivale a un costo adicional de 6,400 dólares para un coche nuevo promedio de 2024. Se estima que cada hogar estadounidense podría enfrentar un gasto extra de entre 500 y 600 dólares como consecuencia de estos aranceles.
Finalmente, es importante recordar que una de las promesas centrales de la campaña de Trump fue la reducción de la inflación. No obstante, la implementación de aranceles, con el consiguiente aumento en los precios de los bienes importados, podría ejercer presión inflacionaria, contrarrestando los objetivos iniciales. A pesar de esto, figuras como Peter Navarro insisten en que los aranceles trajeron estabilidad de precios y prosperidad durante el primer mandato de Trump, apelando a la confianza de los votantes en sus políticas.


