La imposición de aranceles del 25% a los automóviles y piezas importadas, impulsada por la administración Trump, plantea un serio desafío para la industria automotriz global y, en particular, para los consumidores estadounidenses. Esta medida, que se perfila como una estrategia permanente, según declaraciones del propio expresidente, promete reconfigurar el mercado automotor con implicaciones directas en los precios y la disponibilidad de vehículos.
Según la investigación publicada por The New York Times, las empresas automotrices se enfrentan a un abanico de opciones para mitigar el impacto de estos aranceles, aunque todas ellas conllevan costes adicionales que, inevitablemente, se trasladarán al consumidor final.
Una de las estrategias que podrían implementar los fabricantes es trasladar la producción desde países con costes laborales más bajos, como México, hacia Estados Unidos. Esta relocalización, si bien podría generar empleos en el país, implica inversiones significativas en infraestructura y capacitación, lo que repercutiría en el precio final de los vehículos.
Otra alternativa sería aumentar la producción de modelos ya fabricados en suelo estadounidense. Sin embargo, esta opción podría verse limitada por la capacidad instalada de las plantas existentes y la necesidad de realizar nuevas inversiones para ampliar la producción. No obstante, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU., el sector automotriz ha experimentado fluctuaciones en el empleo en la última década, lo que sugiere la posibilidad de reajustes internos.
Asimismo, las empresas podrían optar por discontinuar la venta de modelos importados, especialmente aquellos con menores márgenes de beneficio. Esta decisión reduciría la oferta de vehículos disponibles para los consumidores y podría limitar su capacidad de elección. La importación de vehículos representó el 23% del mercado en 2024, según la Asociación de Fabricantes de Automóviles.
Los analistas prevén que los precios de los automóviles nuevos y usados experimentarán un aumento considerable. Las estimaciones varían en función del modelo y su origen, pero se calcula que el incremento podría oscilar entre los $3,000 para un automóvil fabricado en Estados Unidos y superar los $10,000 para los modelos importados.
El profesor Michael Cusumano, de la MIT Sloan School of Management, advierte que esta política arancelaria tendrá consecuencias disruptivas y costosas para los consumidores estadounidenses durante varios años. El anuncio de posibles aranceles adicionales a países que impongan gravámenes a productos estadounidenses, así como la amenaza de aumentar aún más los aranceles en respuesta a medidas similares por parte de socios comerciales como Canadá y la Unión Europea, presagian una escalada en la guerra comercial con efectos negativos en la economía global. La imposición de estos aranceles coincide con un período de lenta recuperación económica post-pandemia y una inflación persistente.



