Honoria castiga la inacción de su alcalde con una protesta simbólica

En un hecho que ha llamado la atención por su simbolismo y contundencia, los pobladores del distrito de Honoria expresaron su descontento con el alcalde Remo Rufino Pan Duro de una manera inusual: arrojándole decenas de ranas en plena asamblea pública. Esta acción no solo es un reflejo de la frustración de la comunidad ante la falta de obras y el incumplimiento de promesas, sino también un llamado de atención a las autoridades que gobiernan sin compromiso ni transparencia.

La protesta fue organizada por ronderos y campesinos, sectores fundamentales en la estructura social y productiva de Honoria, quienes ven con impotencia cómo su distrito sigue sumido en el abandono. Escuelas sin mantenimiento, centros de salud con carencias y una infraestructura vial deficiente son solo algunas de las problemáticas que han motivado este singular castigo.

El alcalde ha justificado su inacción argumentando que los recursos enviados por el gobierno regional son insuficientes para ejecutar proyectos de envergadura. Sin embargo, los pobladores señalan que el problema no es solo la falta de presupuesto, sino la falta de gestión. Un alcalde comprometido debería buscar alternativas, gestionar recursos adicionales y estar presente en su comunidad para dar seguimiento a las necesidades locales. En cambio, denuncian que Pan Duro pasa más tiempo fuera del distrito que atendiendo los problemas de su gente.

El uso de ranas como forma de protesta no es casual. Más allá de la anécdota, representa un mensaje de hartazgo y exigencia. En muchas culturas, las ranas simbolizan transformación y cambio, y esta comunidad espera que su alcalde entienda el mensaje: es momento de cumplir sus promesas y trabajar por el desarrollo de Honoria.

Este episodio debería ser un recordatorio para todos los alcaldes distritales que, una vez electos, olvidan su compromiso con la población. La ciudadanía ya no está dispuesta a tolerar la ineficiencia y el abandono. Hoy son ranas, mañana podrían ser protestas más contundentes.

La lección es clara: las autoridades deben gobernar con responsabilidad, transparencia y cercanía con su pueblo. Honoria ha dado una muestra de que la paciencia tiene un límite, y que cuando la política no responde a las necesidades de la gente, la gente encuentra la forma de hacer que la política los escuche.