El sector automotriz estadounidense se enfrenta a una nueva incertidumbre con la reciente declaración del expresidente Trump sobre la imposición de aranceles del 25% a los automóviles y piezas importadas. Esta medida, que busca impulsar la manufactura en Estados Unidos, podría tener un impacto significativo en los precios para los consumidores y desestabilizar las cadenas de suministro globales.
Según la investigación publicada por The New York Times, estos aranceles entrarían en vigor el 3 de abril, afectando tanto a vehículos terminados como a componentes importados utilizados en el ensamblaje de automóviles en plantas estadounidenses.
La medida arancelaria no discrimina entre marcas extranjeras y nacionales. Empresas como Ford Motor y General Motors, que fabrican parte de sus vehículos en Canadá y México, también se verían afectadas. Recordemos que la industria automotriz, desde la década de los 60, se ha caracterizado por acuerdos comerciales que facilitan la especialización y el intercambio de productos entre países, especialmente en Norteamérica.
La dependencia de Estados Unidos de las importaciones en el sector automotriz es considerable. Aproximadamente la mitad de los vehículos vendidos en el país son importados, y cerca del 60% de las piezas utilizadas en el ensamblaje nacional provienen del extranjero. Esta realidad sugiere que los aranceles podrían generar un aumento sustancial en los precios de automóviles y camionetas, en un momento en que la inflación ya ha incrementado los costos para los consumidores.
Durante una intervención en la Casa Blanca, el expresidente Trump argumentó que estos aranceles incentivarían a las empresas automotrices y a sus proveedores a establecerse en Estados Unidos. Según sus declaraciones, “cualquiera que tenga plantas en Estados Unidos, se verá beneficiado”. Sin embargo, la globalización de la industria automotriz ha llevado a una interdependencia entre países, donde las fábricas se especializan en partes o tipos de vehículos específicos, operando bajo la premisa de aranceles bajos o nulos.
México se erige como el principal proveedor de vehículos importados a Estados Unidos, seguido por Japón, Corea del Sur, Canadá y Alemania. La imposición de aranceles del 25% podría alterar significativamente estas relaciones comerciales, obligando a las empresas a reevaluar sus estrategias de producción y distribución. Datos de la Asociación de Fabricantes de Automóviles indican que, en el último año, las importaciones de vehículos desde México representaron un 35% del total, lo que subraya la importancia de este socio comercial.
Es crucial considerar que esta medida podría desencadenar represalias comerciales por parte de otros países, lo que afectaría aún más la competitividad de la industria automotriz estadounidense. La experiencia de aranceles similares impuestos en el pasado muestra que, si bien pueden generar un aumento en la producción nacional a corto plazo, también pueden elevar los costos para los consumidores y dañar las relaciones comerciales a largo plazo.



