La geopolítica global vuelve a centrarse en Groenlandia, la isla más grande del mundo, ante el renovado interés de la administración Trump por su posición estratégica y recursos. La visita planeada por altos funcionarios estadounidenses ha generado controversia y pone de manifiesto las tensiones existentes entre Estados Unidos, Dinamarca y el territorio autónomo groenlandés.
Según la investigación publicada por The New York Times, el vicepresidente JD Vance ha tomado la iniciativa de liderar una delegación de alto nivel a Groenlandia, en una visita que ha sido recibida con escepticismo por las autoridades locales y danesas.
Este viaje se produce en un momento delicado, tras la reiterada manifestación del presidente Trump de explorar la posibilidad de adquirir Groenlandia. La isla, con una población de alrededor de 56,000 habitantes, es un territorio autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca y posee importantes reservas de minerales raros y una ubicación estratégica en el Ártico, crucial para el control de las rutas marítimas y la defensa del hemisferio norte. Dinamarca ha mantenido consistentemente que Groenlandia no está en venta.
Inicialmente, la delegación estadounidense iba a estar encabezada por Usha Vance, la segunda dama, y Michael Waltz, asesor de seguridad nacional. Sin embargo, un cambio de última hora en la agenda, anunciado por la Casa Blanca, delegó la responsabilidad en el vicepresidente Vance. Este cambio de liderazgo ha sido interpretado por algunos analistas como una señal de la importancia que la administración Trump concede a esta visita, aunque también como un intento de minimizar las tensiones generadas por las declaraciones previas del presidente.
Vance, en una publicación en la red social X, justificó su viaje argumentando que Dinamarca está descuidando la seguridad de Groenlandia, lo cual, según él, representa una amenaza para la seguridad global. El vicepresidente declaró que busca “evaluar la situación de seguridad” en la isla y explorar “una dirección diferente” en la relación entre Estados Unidos y Groenlandia. Este argumento ha sido recibido con reservas por parte de Dinamarca, que considera que vela adecuadamente por la seguridad de su territorio autónomo.
Las reacciones a la visita han sido inmediatas. Funcionarios de Dinamarca y Groenlandia han calificado el viaje como “agresivo” y lo han vinculado directamente al plan del presidente Trump de “obtener la isla de una forma u otra”. La controversia se suma a las tensiones existentes en torno a la creciente influencia de Rusia y China en el Ártico, una región que se ha convertido en un punto focal de la competencia geopolítica global. La base aérea de Thule, ubicada en Groenlandia, es una instalación militar clave para Estados Unidos, utilizada para la vigilancia y el seguimiento de misiles.



