La presencia de China en México continúa consolidándose a través de múltiples canales económicos, políticos y culturales, pese a la cautela expresada por la administración de Claudia Sheinbaum ante el creciente escrutinio de Estados Unidos. Aunque algunos proyectos de alto perfil, como la planta de automóviles BYD o el Tren Maya, han sido pausados o redirigidos, el avance de la República Popular China (RPC) en el país se mantiene en expansión.
El gobierno chino ha postergado por más de tres meses el nombramiento de un nuevo embajador en México tras la salida de Zheng Run, reflejando una estrategia cautelosa en este vínculo bilateral. Sin embargo, los lazos con actores clave del poder legislativo y subnacional siguen activos, incluyendo comités de amistad encabezados por congresistas como Yeidckol Polevnsky y Gerardo Fernández Noroña, conocidos defensores del fortalecimiento de las relaciones con la RPC.
En el ámbito militar, si bien el contacto institucional se ha reducido, la RPC ha mantenido presencia mediante visitas protocolarias, desfiles y exhibiciones en eventos como FAMEX, además de una cooperación limitada con la Agencia Espacial Mexicana. A nivel comercial, la inversión china en México se estima en cerca de 2.000 millones de dólares anuales, destacando sectores como tecnología, infraestructura, transporte y seguridad.
Empresas como Huawei, Hikvision, Lenovo y Oppo tienen una fuerte presencia en el país. Huawei, por ejemplo, ha invertido más de 1.300 millones de dólares en infraestructura digital. También existen iniciativas educativas como becas y centros de estudios sobre China en universidades mexicanas.
Aunque la RPC no representa una alternativa directa a EE.UU., su papel en el desarrollo económico y tecnológico de México es cada vez más relevante. La relación bilateral, enmarcada en un delicado equilibrio geopolítico, seguirá influyendo de manera significativa en el futuro del país.




