El petróleo venezolano vuelve a estar en el centro de la polémica internacional. El expresidente Donald Trump anunció el lunes su intención de imponer aranceles punitivos a las naciones que continúen importando crudo desde Venezuela, escalando la presión económica sobre el país sudamericano y reconfigurando potencialmente el tablero del comercio energético global. La medida, que entraría en vigor el 2 de abril, busca castigar a aquellos que, según Trump, sostienen un régimen que “deliberada y engañosamente” envía criminales y asesinos a Estados Unidos.
Según la investigación publicada por The New York Times, esta estrategia arancelaria no convencional podría desestabilizar aún más el mercado petrolero internacional, forzando a los compradores de petróleo y gas venezolano a buscar proveedores alternativos. Esta acción se produce en un momento en que Venezuela busca desesperadamente aumentar sus ingresos por exportaciones, vitales para su maltrecha economía.
En los últimos meses, Estados Unidos y China han sido los principales importadores de petróleo venezolano, de acuerdo con datos de Rystad Energy, una firma de investigación y consultoría. India y España también han adquirido cantidades menores del crudo sudamericano. No obstante, la amenaza de aranceles más elevados probablemente impulsará a China a diversificar sus fuentes de suministro, dado que el petróleo venezolano representa una porción relativamente pequeña de sus importaciones totales, según el análisis de Jorge León, experto de Rystad Energy. Esta decisión estratégica por parte de China podría acelerar su transición hacia un mix energético más diversificado, incluyendo un mayor uso de energías renovables y gas natural licuado (GNL).
Paralelamente, las compras de petróleo venezolano por parte de Estados Unidos se encaminan a una disminución progresiva. La administración Trump anunció la revocación de una licencia que permitía a Chevron, la segunda mayor petrolera estadounidense, producir crudo en Venezuela. Esta decisión, que inicialmente preveía el cese de operaciones de Chevron para el 3 de abril, ha sido parcialmente revertida.
A pesar de la retórica más dura y la amenaza de aranceles, la administración Trump concedió a Chevron una extensión de dos meses para continuar su producción petrolera en Venezuela y su venta a Estados Unidos. Esta prórroga sugiere una posible contradicción en la política de Washington, balanceando la presión económica sobre el régimen de Nicolás Maduro con la necesidad de asegurar el suministro de crudo para el mercado interno estadounidense. Este movimiento estratégico podría interpretarse como una medida para mitigar el impacto de la reducción de la producción venezolana en los precios internacionales del petróleo.
Es importante recordar que las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos a Venezuela desde 2019 han buscado presionar al gobierno de Nicolás Maduro para que ceda el poder. Sin embargo, estas medidas también han contribuido al colapso de la producción petrolera venezolana, generando una severa crisis económica y humanitaria en el país. La imposición de aranceles a terceros países que comercien con Venezuela podría exacerbar aún más la situación, afectando no solo al régimen de Maduro, sino también a la población venezolana que ya enfrenta una grave escasez de alimentos y medicinas.



