La escalada del conflicto israelí-palestino ha alcanzado un nuevo punto crítico con el reciente lanzamiento de ataques aéreos por parte de las fuerzas israelíes sobre la Franja de Gaza. Este recrudecimiento de la violencia, que pone fin a un cese al fuego temporal vigente desde enero, intensifica los temores de una inminente reanudación de la guerra a gran escala. La comunidad internacional observa con preocupación este dramático giro, que amenaza con desestabilizar aún más la región. Cabe recordar que la Franja de Gaza, con una población densamente concentrada de más de dos millones de personas, ha sufrido repetidos ciclos de conflicto y bloqueo durante más de una década, generando una profunda crisis humanitaria.
Según la investigación publicada por The New York Times, la ofensiva aérea israelí del martes se produjo tras semanas de negociaciones infructuosas destinadas a prolongar la tregua, la cual había supuesto un respiro tras 15 meses de hostilidades devastadoras en la zona. La primera fase de la tregua expiró a principios de marzo, pero se había mantenido en gran medida mientras los diplomáticos intentaban mediar para lograr una extensión que permitiera la liberación de los rehenes israelíes supervivientes y poner fin a la guerra.
Los ataques israelíes han tenido consecuencias devastadoras, cobrándose la vida de más de 400 personas, incluyendo niños, según informó el ministerio de salud de Gaza. Aunque estas cifras no distinguen entre civiles y combatientes, la intensidad del bombardeo israelí resultó en uno de los balances de víctimas mortales más altos en un solo día desde el inicio del conflicto. La capacidad hospitalaria en Gaza, ya sobrecargada debido al conflicto prolongado y la escasez de suministros médicos, se ve ahora aún más comprometida para hacer frente a la magnitud de la emergencia.
La justificación oficial para la reanudación de las hostilidades, según la oficina del Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu, se basa en la “repetida negativa” de Hamas a liberar a los cautivos restantes capturados durante el ataque del 7 de octubre de 2023 contra Israel, así como los cuerpos de los rehenes fallecidos. Se estima que de los 59 rehenes que permanecen en Gaza, menos de la mitad siguen con vida. El ataque del 7 de octubre, que incluyó el lanzamiento de miles de cohetes y la incursión de militantes en territorio israelí, resultó en la muerte de más de 1.200 personas y provocó una profunda conmoción en Israel.
Netanyahu, en un discurso posterior, insinuó la posibilidad de nuevos ataques israelíes en Gaza, los cuales se llevarían a cabo en paralelo con las negociaciones con Hamas. “Esto es solo el principio”, declaró, reafirmando la determinación de su gobierno de “seguir luchando para lograr todos los objetivos de la guerra”. Entre estos objetivos, según declaraciones previas, se encuentran la completa desmilitarización de Hamas y la garantía de la seguridad fronteriza para Israel. La persistencia de la violencia alimenta la preocupación de la comunidad internacional y aumenta la presión sobre los actores diplomáticos para encontrar una solución pacífica y duradera al conflicto.
La comunidad internacional ha reaccionado con alarma ante el recrudecimiento de la violencia. Numerosos líderes y organizaciones han instado a ambas partes a cesar inmediatamente las hostilidades y a regresar a la mesa de negociaciones. La situación humanitaria en Gaza, ya precaria, se deteriora rápidamente, con informes de escasez de alimentos, agua potable y suministros médicos esenciales. La posibilidad de una escalada regional, con la participación de otros actores en el conflicto, es una preocupación constante que agrava la urgencia de una solución pacífica.



