¿Podrán Trump y Musk lograr que más conservadores se pasen a Tesla?

La polarización política parece haber alcanzado un nuevo hito, esta vez impactando de lleno en el sector automotriz y, en particular, a la empresa Tesla. La reciente defensa de figuras conservadoras a la marca, tras las acciones de su CEO, Elon Musk, plantea interrogantes sobre el futuro de la compañía y la lealtad de sus clientes. El auge de los vehículos eléctricos (VE) como alternativa sostenible a los coches de combustión interna ha sido constante en los últimos años, impulsado por incentivos gubernamentales y una creciente conciencia ambiental. Sin embargo, la politización de la marca Tesla podría alterar significativamente este panorama.

Según la investigación publicada por The New York Times, tras la adquisición de un Tesla Model S por parte del expresidente Trump y el apoyo manifiesto del presentador de Fox News, Sean Hannity, quien además adquirió un Model S Plaid argumentando que «tiene más piezas estadounidenses que cualquier otro coche fabricado en nuestro país,» un sector conservador busca contrarrestar un posible boicot a la marca liderada por Musk.

La estrategia de este grupo de personalidades conservadoras se basa en atraer a consumidores afines ideológicamente, con el objetivo de compensar la potencial pérdida de clientes liberales y demócratas, quienes podrían sentirse ofendidos por las decisiones y declaraciones de Musk. Sin embargo, analistas del sector automotriz se muestran escépticos sobre la efectividad de esta «misión de rescate». Si bien reconocen que podría brindar cierto apoyo a la compañía, dudan de que sea suficiente para revertir la tendencia a la baja en las ventas.

De hecho, las proyecciones de JPMorgan indican que Tesla podría experimentar una disminución en las entregas durante el primer trimestre del año, alcanzando niveles no vistos en los últimos tres años. Este descenso se atribuye, en gran medida, a la fuga de compradores demócratas, un segmento clave para la empresa de coches eléctricos. La situación plantea un desafío significativo para Tesla, ya que la marca podría verse limitada por la creciente división política en el mercado estadounidense.

Alexander Edwards, presidente de Strategic Vision, una consultora especializada en el sector automotriz, enfatiza el riesgo de alienar a un sector del mercado. «Cuando haces que tu producto no sea atractivo para la mitad del mercado, te prometo que no aumentarás tus ventas», afirma Edwards, basándose en décadas de investigación sobre el comportamiento de los consumidores de automóviles.

Los datos recopilados por Strategic Vision revelan una tendencia clara: hasta 2024, los propietarios de vehículos eléctricos se identificaban mayoritariamente como demócratas o liberales, con una proporción hasta cuatro veces mayor que la de republicanos o conservadores. En el caso específico de Tesla, esta diferencia se mantenía en una proporción de dos a uno. Sin embargo, esta brecha se ha reducido drásticamente en 2024. En el presente año, las encuestas reflejan un ligero cambio, con un 30% de compradores de Tesla identificándose como republicanos, superando por poco al 29% que se declaran demócratas.

Este giro en la composición ideológica de los compradores de Tesla podría ser un reflejo de la politización de la marca y, al mismo tiempo, una señal de alerta sobre la capacidad de la empresa para mantener su cuota de mercado en un entorno cada vez más polarizado. La efectividad de la estrategia conservadora para impulsar las ventas de Tesla aún está por verse, pero los analistas coinciden en que la empresa enfrenta un desafío considerable para equilibrar las preferencias políticas de sus clientes con su objetivo de crecimiento continuo. El sector de vehículos eléctricos, con una inversión en infraestructura de carga a nivel nacional que supera los 7.5 mil millones de dólares, se enfrenta a un momento de inflexión. Además, la presión por la reducción de emisiones de carbono, con metas fijadas por la administración actual, añade complejidad a la situación.