Pandillas incendian el principal hospital de Haití que depende de la ayuda de USAID.

La sanidad en Haití enfrenta una crisis sin precedentes. A dos días de la Navidad antepasada, el Dr. Pierre S. Prince asumió el cargo de director del principal hospital público del país, una institución que había sido objeto de una multimillonaria inversión por parte de Estados Unidos para su renovación. Sin embargo, la ubicación del hospital, en una zona controlada por bandas criminales, ha mantenido sus puertas cerradas durante un año, exacerbando la ya precaria situación del sistema de salud haitiano, que históricamente ha dependido de la ayuda internacional y ha sufrido las consecuencias de desastres naturales recurrentes.

Según la investigación publicada por The New York Times, el Dr. Prince, un cirujano torácico de 57 años, había depositado grandes esperanzas en su regreso al Hospital Universitario Estatal de Haití, un centro médico que quedó devastado tras el terremoto de 2010 que asoló la capital del país.

El Dr. Prince, quien realizó su residencia en dicho hospital, tenía la misión de supervisar la puesta en marcha de una nueva ala del centro, una instalación con capacidad para 500 camas y equipada con servicios de última generación, gracias a una inversión cercana a los 100 millones de dólares. Esta nueva ala, vital para la atención sanitaria de la población, incluía quirófanos modernos, unidades de ortopedia y una maternidad con unidad neonatal, con el objetivo de mejorar sustancialmente la capacidad del hospital para atender las necesidades médicas más apremiantes.

No obstante, la inauguración parcial del hospital, programada para la víspera de Navidad, se vio truncada por un violento ataque perpetrado por bandas armadas contra una conferencia de prensa convocada para anunciar la reapertura. El trágico incidente dejó un saldo de un oficial de policía y dos reporteros fallecidos, además de siete periodistas heridos de gravedad. Como consecuencia directa de este acto de barbarie, la reapertura del hospital quedó suspendida indefinidamente.

La situación se ha deteriorado aún más en el último mes. Imágenes que circularon ampliamente en las redes sociales, y que fueron verificadas por The New York Times, mostraban un edificio antiguo del hospital general, como se le conoce comúnmente, envuelto en llamas. Todo apunta a que miembros de bandas criminales fueron los responsables de provocar el incendio, lo que agrava aún más la crisis sanitaria que enfrenta el país y pone en riesgo la vida de miles de personas que dependen de la atención médica que este hospital debería proporcionar.

Este incidente no es aislado, sino que se enmarca en un contexto de creciente violencia y anarquía en Haití, donde las bandas criminales ejercen un control cada vez mayor sobre vastas zonas del país, dificultando el acceso a servicios básicos como la salud y la educación. La comunidad internacional, incluyendo a Estados Unidos y la ONU, se enfrenta al desafío de encontrar soluciones duraderas que permitan estabilizar la situación y garantizar la seguridad y el bienestar de la población haitiana.