La situación en el frente oriental europeo se intensifica, con la exigencia del presidente ruso, Vladimir Putin, de la rendición de ciertas unidades ucranianas desplegadas en territorio disputado. Esta demanda, formulada tras conversaciones entre Putin y el expresidente estadounidense Donald Trump sobre un posible alto al fuego, añade tensión a un conflicto que se prolonga ya por tres años. La contraofensiva ucraniana del verano pasado, aunque inicialmente exitosa, ha perdido impulso en los últimos meses, mientras Rusia busca consolidar sus avances territoriales.
Según la investigación publicada por The New York Times, los comentarios televisados de Putin se produjeron poco después de que Trump afirmara en redes sociales haber instado al líder ruso a perdonar la vida de los soldados ucranianos que luchan por mantener una franja de terreno en la región de Kursk, dentro de territorio ruso.
Ambos mandatarios, Putin y Trump, aseguraron el viernes que las fuerzas ucranianas se encuentran cercadas en Kursk, área donde las tropas de Kiev sorprendieron a Rusia con una incursión transfronteriza el pasado verano. Sin embargo, analistas independientes han puesto en duda estas afirmaciones, y el ejército ucraniano las ha rechazado tajantemente. Las autoridades rusas han intensificado su ofensiva en la zona, buscando revertir los avances ucranianos previos.
Putin argumentó que, para que la solicitud de Trump “se implemente de manera efectiva”, los líderes de Ucrania deben ordenar a sus “unidades militares que depongan las armas y se rindan”. Ninguno de los dos ha planteado la posibilidad de que las tropas rusas en suelo ucraniano se rindan, una omisión que subraya las asimetrías en las posturas negociadoras.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, no dio ninguna señal el viernes de que los soldados de su país se retiraran de Kursk, y mucho menos de que se rindieran, aunque reconoció que la situación en la región era “muy difícil”. En 2022, tras la retirada rusa de la ciudad de Jersón, las negociaciones entre ambos países se estancaron, sin lograr avances significativos hacia una solución diplomática.
Zelenski también cuestionó si Rusia estaba actuando de buena fe, acusando a Putin de “hacer todo lo posible para asegurar que la diplomacia fracase”. Ucrania, reiteró Zelenski, ya ha acordado un alto el fuego incondicional de 30 días para detener la guerra que el líder ruso inició al ordenar la invasión a gran escala hace tres años. A pesar de los llamados internacionales a la desescalada, las hostilidades continúan, generando una crisis humanitaria y económica de gran magnitud.



