La tuberculosis, una enfermedad infecciosa que sigue siendo una de las principales causas de muerte a nivel mundial, está experimentando un resurgimiento preocupante en ciertas regiones de África y Asia. Este repunte se vincula directamente con la drástica reducción de fondos destinados a programas de salud internacionales, específicamente tras el recorte de la ayuda exterior por parte de la administración Trump en enero de 2025.
Según la investigación publicada por The New York Times, este recorte ha tenido consecuencias devastadoras para miles de pacientes con tuberculosis, como Dalvin Modore en Kenia, quienes ahora enfrentan la interrupción de su tratamiento y la imposibilidad de acceder a pruebas diagnósticas.
Modore, un agricultor de 40 años, es una víctima palpable de esta crisis. Su salud se ha deteriorado considerablemente, perdiendo peso hasta llegar a los 110 kilos, y sufre de una tos severa acompañada de vómitos de sangre. La escasez de medicamentos lo ha sumido en la desesperación, temiendo por su vida y por el potencial contagio a su comunidad. Antes de los recortes, Kenia, un país con una alta carga de tuberculosis, dependía significativamente del apoyo financiero estadounidense para la adquisición de medicamentos, el fortalecimiento de sus sistemas de salud y la implementación de programas de detección temprana.
La reducción de la ayuda estadounidense, que representaba aproximadamente la mitad del financiamiento internacional para la lucha contra la tuberculosis, ha provocado el colapso de los sistemas de detección, diagnóstico y tratamiento en numerosos países. Esta situación ha generado un círculo vicioso: la falta de acceso al tratamiento adecuado permite que la enfermedad se propague sin control, afectando no solo a los pacientes directamente, sino también a sus familias y comunidades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, antes de la pandemia de COVID-19, la tuberculosis causaba más muertes que cualquier otra enfermedad infecciosa, lo que subraya la urgencia de abordar este problema de salud pública.
La justificación de la administración Trump para estos recortes se basa en la idea de que otros países deben asumir una mayor responsabilidad en el financiamiento de los programas de salud global y en la evaluación de los contratos de ayuda exterior para asegurar que se alineen con los intereses nacionales de Estados Unidos. No obstante, la rápida y perjudicial consecuencia de estas políticas para la salud pública global es innegable, particularmente en países como Kenia, donde la tuberculosis sigue siendo una amenaza persistente para la salud y el desarrollo económico.
La situación en Kenia refleja una crisis global que exige una respuesta urgente y coordinada. El riesgo de que la tuberculosis se propague aún más, especialmente en poblaciones vulnerables, es significativo. Se requieren esfuerzos internacionales renovados para garantizar el acceso equitativo a los servicios de salud y para fortalecer los sistemas de salud en los países más afectados. Ignorar esta crisis podría tener consecuencias devastadoras, no solo para la salud pública mundial, sino también para la estabilidad económica y social de las naciones afectadas.



