Una palpable inquietud se extiende entre los trabajadores indocumentados en Estados Unidos, y consecuentemente, entre los empleadores que dependen de su mano de obra. El temor a las redadas ha llevado a muchos inmigrantes a permanecer en sus hogares, afectando negativamente a sectores clave como la construcción, la agricultura, el cuidado de ancianos y la hostelería, donde ya se anticipa un agravamiento de la escasez de mano de obra. Este fenómeno se desarrolla en un contexto donde la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) reportó más de 2 millones de encuentros con migrantes en la frontera sur durante el año fiscal 2024, intensificando el debate sobre la política migratoria.
Según la investigación publicada por The New York Times, la situación se manifiesta de forma dramática en lugares como Freehold, Nueva Jersey, donde las vías del tren, antaño repletas de jornaleros latinoamericanos en busca de trabajo, hoy se encuentran desoladas.
Mario, un trabajador mexicano que llegó a Estados Unidos hace dos décadas, describe la situación actual como la más silenciosa que recuerda. El miedo generado por las políticas del presidente Trump, centradas en la deportación masiva, ha calado hondo en la comunidad inmigrante. Sus dos hijos, también indocumentados, trabajan en la pavimentación y la construcción de viviendas, sectores particularmente vulnerables a la reducción de mano de obra.
Escenas similares se repiten en diversos puntos del país: desde las granjas del Valle Central de California hasta las residencias de ancianos en Arizona, pasando por las plantas avícolas de Georgia y los restaurantes de Chicago. La promesa de una “deportación masiva” por parte del Presidente Trump, junto con las operaciones de control migratorio realizadas en varias ciudades estadounidenses, han creado un clima de incertidumbre y aprehensión. Si bien el número de arrestos ha sido relativamente limitado hasta el momento, la información se difunde rápidamente a través de las redes sociales y los grupos de mensajería entre los migrantes.
Este temor generalizado está teniendo un impacto directo en las industrias que tradicionalmente han dependido de la mano de obra inmigrante, caracterizada por su disposición y bajos salarios. La construcción residencial, la agricultura, el cuidado de personas mayores y el sector de la hostelería son algunos de los más afectados. El National Immigration Forum estima que la deportación masiva podría costar a la economía estadounidense cientos de miles de millones de dólares en productividad perdida.
En última instancia, las consecuencias de esta situación se traducirán en un aumento de los costos para los consumidores estadounidenses. La escasez de mano de obra en sectores clave inevitablemente conducirá a un incremento de los precios de bienes y servicios, afectando el bolsillo de los ciudadanos. La situación actual plantea un desafío económico y social que requiere una reflexión profunda sobre las políticas migratorias y su impacto en la economía nacional. Un informe reciente del Center for Migration Studies of New York destaca la necesidad de políticas migratorias que equilibren la seguridad fronteriza con las necesidades económicas del país.



