La disminución de la ayuda internacional aumenta el riesgo de brotes de enfermedades

La seguridad sanitaria global se encuentra en una situación alarmante. Programas cruciales para la prevención y contención de brotes de enfermedades infecciosas en África han sufrido graves recortes, exponiendo al mundo a un mayor riesgo de pandemias. Esta situación, exacerbada por la suspensión de fondos de ayuda exterior, plantea serias amenazas a la salud pública internacional, recordando la rápida propagación de enfermedades como el COVID-19, que evidenció la interconexión global en materia de salud.

Según la investigación publicada por The New York Times, la suspensión de la ayuda exterior por parte de la administración Trump ha paralizado programas vitales para la contención de brotes en el extranjero, dejando desprotegidos laboratorios con patógenos peligrosos, suspendiendo inspecciones en aeropuertos y fronteras, y permitiendo el transporte transfronterizo de millones de animales sin controles sanitarios.

La falta de inversión en estos programas preventivos incrementa la vulnerabilidad ante virus y bacterias que, como demostró la pandemia del coronavirus, pueden extenderse rápidamente a nivel global. La detección tardía de brotes en países con sistemas de salud precarios facilita su propagación internacional, poniendo en riesgo la salud pública en naciones con recursos más robustos. Es importante recordar que, en 2018, la OMS ya había advertido sobre la necesidad de fortalecer los sistemas de salud en África para evitar la propagación de enfermedades.

La interrupción de las inspecciones de enfermedades como el mpox (viruela del mono) y el Ébola en puntos de control estratégicos, junto con el transporte no controlado de animales, son focos de riesgo que pueden facilitar la emergencia de nuevas variantes o la reaparición de enfermedades erradicadas en otras regiones. Esta situación, según expertos, retrotrae la situación a niveles de riesgo no vistos en décadas.

El impacto de estos recortes se siente especialmente en organizaciones sin fines de lucro que dependen en gran medida de la financiación estadounidense para llevar a cabo su labor en el continente africano. El Dr. Githinji Gitahi, director de Amref Health Africa, destaca que aproximadamente el 25% de los fondos de su organización provienen de Estados Unidos y subraya que el control de enfermedades a nivel global redunda en beneficio de la salud pública estadounidense.

Más de treinta funcionarios actuales y anteriores de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), miembros de organizaciones sanitarias y expertos en enfermedades infecciosas describen un panorama global más vulnerable que hace apenas unas semanas. Esta fragilidad se traduce en un mayor riesgo de brotes transfronterizos y, en última instancia, en un aumento de la amenaza para la salud pública mundial, requiriendo una respuesta urgente y coordinada a nivel internacional, dado que la salud global es, intrínsecamente, un asunto de seguridad nacional para cada país.