Las duras políticas migratorias de Trump amenazan el plan de crecimiento de San Luis.

En una intersección de alto tráfico en el lado sur de St. Louis, dentro de un antiguo edificio bancario adornado con un brillante atrio, se imparte una clase de costura en dari, la variante afgana del persa. Este espacio, ahora un centro de esperanza y adaptación, refleja un esfuerzo consciente por revitalizar la ciudad a través de la inmigración.

Según la investigación publicada por The New York Times, las paredes están decoradas con fotografías de Afganistán, el origen de la mayoría de las estudiantes, recién llegadas a Estados Unidos. Antes de que comience la clase, algunas mujeres, ataviadas con zapatillas deportivas y pañuelos en la cabeza, se dirigen a una sala contigua para orar, mientras sus hijos pequeños corretean en una sala de juegos bien equipada. Posteriormente, regresan a las máquinas de coser, algo anticuadas, para aprender a gestionar pequeños negocios desde sus hogares, mientras se aclimatan a su nuevo país.

El Centro Comunitario Afgano, con dos años de antigüedad, se ha convertido en un pilar fundamental para Halima Osmani, de 20 años, quien llegó desde Afganistán el verano pasado con sus padres y siete hermanos. Ahora, Halima dirige su propio negocio de confección, vendiendo sus creaciones a mujeres locales a través de una cuenta de Instagram, al tiempo que se prepara para obtener su G.E.D. Su aspiración es convertirse en asistente médico, y St. Louis parece ser un lugar propicio para alcanzar sus sueños. Cabe destacar que, desde 2010, St. Louis ha experimentado una notable disminución de su población, lo que ha impulsado iniciativas para atraer nuevos residentes.

“Nuestra primera opción era Virginia, pero terminamos aquí y nos gustó”, confesó Halima Osmani a través de un traductor, pues aún se encuentra aprendiendo inglés. “Lo primero que notamos aquí fue que no estaba abarrotado”. La disponibilidad de viviendas asequibles y un coste de vida relativamente bajo han sido factores clave para atraer a inmigrantes a la ciudad.

Esa baja densidad de población representa tanto un desafío como una oportunidad para esta gran, pero disminuida, ciudad, que ha experimentado una pérdida constante de habitantes durante décadas. Los líderes políticos, la comunidad empresarial, las instituciones religiosas y los filántropos de la ciudad han adoptado una iniciativa para revertir esta tendencia a través de la inmigración. Esta estrategia se alinea con políticas federales que buscan impulsar el crecimiento económico a través de la atracción de talento extranjero.

Además de acoger a refugiados como Halima Osmani, se están realizando esfuerzos para atraer a personas de América Central y del Sur, así como a estudiantes internacionales y profesionales altamente cualificados con visas de empleo. La diversificación de la población no solo busca paliar la disminución demográfica, sino también enriquecer la ciudad cultural y económicamente. Organizaciones sin fines de lucro locales colaboran estrechamente con agencias gubernamentales para proporcionar apoyo integral a los recién llegados, facilitando su integración en la sociedad estadounidense.

La historia de Halima y el Centro Comunitario Afgano representan un rayo de esperanza en la estrategia de St. Louis para revitalizarse. Su éxito subraya el potencial de la inmigración como motor de crecimiento económico y social, ofreciendo un modelo para otras ciudades que enfrentan desafíos demográficos similares.